domingo, 5 de julio de 2026

La amenaza de la calavera de cristal

 


“Hay algo en el aire que me dice hazlo, hazlo, hazlo”.

—Arturo Accio

 

—Hay cosas que es mejor no contar, todavía —decía Marietta, interrumpiéndose para tomar un sorbo de café—. Y algunas que será mejor que nunca se sepan. Así es mejor.

Asentí, resignado a que algunas de mis preguntas quedarían sin respuesta, mientras la mesera se llevaba mi taza anterior, e hice a un lado el libro de poesía de Arturo Accio que había estado leyendo mientras aguardaba a Marietta para que colocara una segunda taza. Bajo el delantal, la chica llevaba una camiseta verde, el uniforme de la Selección Nacional. El Mundial de Futbol era una obsesión generalizada.

Era la primera vez que veía a Marietta Là-bas en persona, y no me extrañaba que atrajera las miradas de quienes recién ingresaban al Madoka. Contra lo que algunos supondrían, su estatura y figura no eran las razones principales, sino su atuendo: un ajustado vestido corto de un rojo intenso, y una capa de igual color, la cual, aunque llevase la capucha colgada hacia atrás, no dejaba de ser una prenda inusual, por decir lo obvio. Unas gafas de cristales y montura rojas completaban una imagen que no podía pasar desapercibida. Noté un cambio: su cabello era negro de nuevo. La primera vez que la vi, un año atrás, en una fotografía, ostentaba una cabellera negra similar, aunque más corta; el retrato que hice de ella para el libro El collar de Milú, usando esa foto como referencia, así la retrataba. Mas poco después, unos videos, y una videollamada, la mostraron como una mujer rubia; al preguntarle en esa ocasión, durante nuestra primera comunicación directa —ella en Milán, yo en Guadalajara—, me explicó que su cabello era naturalmente rubio; antes de eso había usado una peluca para verse similar a su abuela, Celeste, cuyo estilo y nombre de oficio, utilizados cuando formó parte de la resistencia durante la ocupación Nazi de Francia, había heredado: Lady Satán.

Su cabello realmente parecía natural. Dejando de lado el gusto de algunas mujeres por cambiar su color, me sospechaba que su intención había sido desde el inicio ocultar verdadero color natural. Pero sus cejas eran oscuras. Cuando me dijo su apellido, en cambio, asumí que era un seudónimo inspirado por J.K. Huysmans; pero al buscar información sobre ella, aunque escasa, la que encontré me confirmó su apellido familiar. Me extrañaba, dadas sus actividades subversivas, que no se preocupara por ocultar su identidad, y así se lo planteé.

—No estamos en una historieta —repuso—; en estos días es casi imposible ocultar la identidad de ciertas personas y organizaciones. Pero no hay riesgo real para nadie.

En el asiento al lado de ella, sin dejar de mirar su celular, Tamara Drew carraspeó.

Marietta miró con una sonrisa torcida a la chica rubia, de cabello muy corto, que había venido con ella. Desde hacía más de medio año, había acogido a Tamara como su compañera en muchas de sus actividades y, sobre todo, como aprendiza en las Usanzas del linaje de Stregoneria o Brujería italiana al cual pertenecía su familia; Tammy era a su vez heredera de otro linaje notable, de la familia Drew de los Apalaches, al cual había pertenecido el renombrado investigador paranormal, el Dr. Desmond Drew. Pero a la par de su praxis personal de Brujería neopagana, Tammy seguía los pasos de otra antepasada suya que había sido inmortalizada en la cultura popular: la detective Nancy Drew, cuyas aventuras en los años 1930s habían sido novelizadas por Carolyn Keene, así como Will Eisner había sido cronista del Dr. Desmond Drew (1).

—Tú te encuentras segura en ese sentido —le aseguró Marietta—. Por eso hay algunas cosas que hago por mi cuenta; pero el tipo de personas a quienes les interesaría pararme, no son mafias, hacen las cosas de manera directa. Yo les intereso, tú no.

—Ahora resulta que no intereso —repuso Tamara, dejando el celular sobre la mesa; aunque era obvio que no lo decía en serio, sólo era un sarcasmo casual.

—Nada te hace feliz.

—Hablando de mafias —interrumpí—, en este país sí tenemos su equivalente. ¿Se puede saber qué vinieron a hacer, o tampoco es seguro decirlo?

Marietta asumió una actitud más seria.

—Ahora mismo tu ciudad tiene un problema grave con el suministro de agua.

—Sí, aguas negras mezcladas con el agua de uso diario. Y están cargadas con mercurio, plomo y metales pesados. El director del SIAPA (2) no ha dado la cara… —me interrumpí al pensar en ello— ¿No estás diciendo que…?

—De nuevo, hay cosas que es mejor no decir. Tal vez más delante.

Me quedé pensando en ello, sacudí la cabeza y pregunté:

—Entonces, me decías que estamos esperando a alguien.

—Llegó hace un par de minutos, está pidiendo una bebida —dijo Tammy, y señaló hacia la barra del café. Volteé, y reconocí de inmediato a la chica que se hallaba de espaldas a nosotros, hablando con una mesera; de piel cobriza, cabello corto y negro algo erizado, jeans, un top negro y una larga bufanda morada a pesar del calor—. Me parece que anticipó lo lento que está el servicio ahora que el personal está distraído con un programa sobre el Mundial en televisión —añadió Tammy—. Por lo menos tienen el sonido bajo.

En un momento, Jenny Everywhere se volvió y se aproximó sonriente a nuestra mesa.

—¡Hola! —saludó a Marietta con un abrazo, y a mí con un gesto, mientras Marietta la presentaba con Tammy—. ¿No vino Viveros?

Se refería a mi amigo y colega escritor Héctor Viveros; ambos la habíamos conocido casi un año atrás (3).

—Tenía otro compromiso —expliqué.

Jenny tomó asiento, y empezó a hurgar en su bolso; extrajo un papel doblado varias veces, y se lo tendió a Marietta.

—Aquí está lo prometido —dijo. Procedió a explicar que aquel joven periodista belga a quien habían conocido en Missouri un año atrás (4) le había pedido que se lo entregara a ella, cuando supo que la vería aquí. Marietta lo extendió sobre la mesa: era un mapa; en él estaba representada a detalle una isla. Tamara y yo nos inclinamos a mirar también, y noté el nombre del sitio, escrito en un extremo: Lamb Island. Esto me sorprendió.

La Isla Lamb, una pequeña isla privada cuyo propietario, el famoso psíquico Ari Heller, había convertido en una nación simbólica, cuya ciudadanía nominal podía ser adquirida, en forma de diploma, con los fondos recabados dirigidos a varias beneficiencias. ¿Por qué lo necesitaba Lady Satán?

—¿Qué planean hacer en la isla? —pregunté—. ¿Eso sí se puede saber?

—La Isla Lamb es privada, y pertenece a Ari Heller —dijo; caí en cuenta en que yo no había mencionado que lo sabía, pero no quise interrumpir uno de los raros momentos comunicativos de Marietta. Su acento francés era casi imperceptible—. Sí lo conoces, ¿verdad? El psíquico que se hizo famoso en los años 1970s y que convirtió en su sello personal doblar cucharas con telequinesis, incluso a través de una transmisión de televisión en vivo.

—Lo recuerdo —dije—. Todavía conservo una cuchara que se retorció cuando mi madre y mi abuela lo vieron en la televisión mexicana.

—Hace meses —prosiguió Marietta—, cuando empezó la guerra contra Irán, Heller la ofreció a Ronald Drumpf para que estableciera en ella una base para su fuerza de ataque aéreo contra los iraníes.

—Es lo contrario a lo que él decía que quería en su isla —señaló Tammy, sacudiendo la cabeza—. La presentaba como un “país” simbólico de armonía para toda la humanidad. Qué bueno que no se concretó esa propuesta.

—No se concretó, hasta donde se sabe —corrigió Marietta. La miré sorprendido.

—¿Entonces se hizo algo en secreto…?

—Eso es lo que pretendemos averiguar.

—¿Qué onda con estos tipos ricos y sus islas privadas? —se quejó Jenny—. No me ofrezco a acompañarlas; ya tuve suficiente de islas con la visita a la isla Eppenstein hace unas semanas (5).

Mi mirada se desvió hacia el poemario de Arturo Accio sobre la mesa, e iba a hacer un tonto comentario humorístico, pero enmudecí al mirar a Jenny. Su rostro se mostró perturbado por el recuerdo de alguna experiencia sufrida allí. Por lo que sabía de ella, debía estar acostumbrada a muchas cosas; pero esa isla había sido escenario de algunas de las acciones más terribles. Mi imaginación intentó adivinar lo que pudieron haber hallado, y bloqueé esos pensamientos lo mejor que pude.

—Nos las arreglaremos —dijo Marietta.

—¿Y qué más he hecho Heller? —preguntó Jenny—. ¿Sigue apoyando psíquicamente a Drumpf?

—Parece que en ocasiones visita a las tropas de Israel para darles ánimos —contestó Tammy. Jenny la miró extrañada.

—¿Israel?

—Ari vive en Jerusalén —explicó Tammy—; por eso su oposición radical hacia Palestina.

—Obviamente, apoya a Drumpf no por ser pro—Estados Unidos —añadí—, sino porque Drumpf ha estado apoyando los intereses de Israel. Ha sido el único presidente que cedió a la insistencia de Neshayahu en que Norteamérica los apoye en su guerra. No puedo creer que muchos en Israel apoyan la alianza con un régimen que cuenta con todo el respaldo y participación de sus movimientos neonazis. Eso sí es pactar con el diablo, en el sentido popular.

—Y es sólo gracias a eso que nos encontramos ahora en la Tercera Guerra Mundial —completó Jenny, cruzándose de brazos y echándose atrás. Justo entonces, la mesera colocó frente a ella un latte y un pan tostado, y su rostro se iluminó.

Yo seguía el Facebook de Ari Heller desde hacía varios años; de hecho, había solicitado ciudadanía en su isla ya que me agradaba su proyecto, pero había renunciado a la misma luego de ver el video en que Heller ofrecía la isla para las tropas de Drumpf. Tomé mi celular y me asomé a mirar su perfil. No me esperaba encontrar una mención directa de México recién posteada por él.


—Ahora sí se pasó —dije. Me miraron con curiosidad, pero me quedé unos segundos leyendo, hasta que Jenny me dio un codazo suave; entonces dije—: Estoy viendo el post que acaba de hacer Ari hace un par de horas. Puso una fotografía suya con una calavera de cristal en las manos, como la que se dice que tenían Pancho Villa y Ambrose Bierce (6). Y dice… —empecé a leer en voz alta el post—: “Amigos, ¡le voy a otorgar al equipo de Inglaterra el máximo poder para vencer al de México el próximo lunes! ¡Esto lo haré con la ayuda de una antigua calavera mexicana de cristal! Hace muchos años que conservo esta reliquia, que bien podría ser de origen extraterrestre, desde que la descubrí telepáticamente, oculta en una pirámide maya” —en este punto, hice una pausa en la lectura y señalé—: Por cierto que hace unos años, ya había posteado fotografías de esa calavera; en esa ocasión no dijo nada de haberla “encontrado telepáticamente”; aseguró que el presidente mexicano López Portillo se la había obsequiado, y que le había dicho que la hallaron en alguna pirámide (7). Esta vez está alterando su versión para meterle drama. Sigo leyendo: “Me propongo hacer uso de la energía sobrenatural que contiene para llevar a Inglaterra a los cuartos de final. Claro, no hago milagros ni soy profeta, ¡pero haré todo que esté en mis manos! Pero deben saber que ya hay conspiraciones en marcha para sabotear al equipo de Inglaterra: los cárteles mexicanos han hecho apuestas de miles de millones al triunfo de México y no se detendrán ante nada, ni siquiera ante la violencia. Incluso están intentando cambiar el inicio del partido al mediodía, ¡en plena temporada de calor! El sabotaje ya comenzó. He percibido que los aficionados mexicanos, incluso algunos periodistas, buscan perturbar los preparativos de Inglaterra. Esperan hacer pública la ubicación del hotel donde se hospedan los jugadores para que los aficionados mexicanos puedan hacer fiesta toda la noche, haciendo imposible que duerman y descansen la noche previa al juego. Aunque no lo crean, tengo pasaporte mexicano y ¡fui agente secreto federal mexicano para el presidente López Portillo, quien me otorgó nacionalidad mexicana!”aquí etiqueta al director de la Selección de Inglaterra —aclaré—. “¡Yo sé de lo que hablo! ¡No corran ningún riesgo! Refuercen las medidas de seguridad para los jugadores y despidan de inmediato a todos los guardaespaldas mexicanos. Y no confíen en la comida, ¡no vaya a estar envenenada! Traigan sus propios alimentos”.

—Wow —dijo Jenny.

—¡Pero qué descaro! —exclamó Tamara— ¿Recomienda despedir a los guardaespaldas mexicanos de un día para otro? Puede dejar sin empleo a gente inocente por su paranoia. ¿Me dejas ver eso? —puse mi celular en su mano.

—Bueno, es psíquico —Jenny se encogió de hombros—. Y seguro que los narcos son aficionados.

—Habría sucedido muchas veces antes si hicieran ese tipo de cosas —señalé—. Pero él está hablando de su intención real de intervenir en los resultados por medios mágicos; simplemente está asumiendo que si él es capaz de eso, los cárteles también pueden intentarlo a su manera.

—Es psíquico, no mago —me corrigió Marietta—. Como sea, hay que poner esto en contexto. Heller es una celebridad; su opinión tiene peso. Y como alguien que ha apoyado públicamente al régimen racista de Drumpf, lo que dice es un desprestigio hacia los mexicanos, y pretende sustentarlo no sólo con sus “presentimientos” sino con su conocimiento personal de México. Si él tampoco ha hecho esto, digamos, en el Mundial anterior, entonces no puede ser casual que lo haga justo ahora, cuando MAGA ha cobrado fuerza y Drumpf ha estado amenazando con intervenir militarmente en México, utilizando a los cárteles como justificación.

—Es magia lo que dice que hará al valerse del cráneo… —insistí, pero me interrumpí— ¿Qué estás haciendo? —Tammy tecleaba algo en mi celular. Me lo devolvió con una sonrisa de satisfacción. Miré la pantalla: acababa de responder al post de Ari Heller, con las palabras: “Marietta Dice” y una imagen, una copia coloreada del retrato de Lady Satán que yo había dibujado el año anterior, al que le había añadido el texto, “¡Éntrale p**ra!”— ¡Oye! —protesté— Pero esto es desde mi cuenta!

Tammy se encogió de hombros.

—Ari se lo buscó; a ver de a cómo nos toca.


Marietta miró lo que Tammy había puesto, y alzó una ceja.

—No tenías por qué poner mi nombre de pila —dijo—. Como sea, tenemos cosas más importantes que un partido de futbol.

Tammy la miró sin abandonar su actitud algo fanfarrona.

—Míralo de esta forma —dijo—. Como dice Jenny, Ari es psíquico; si sus sentidos le advierten acerca de ti, ahora pensará que sólo vas a contrarrestar su influencia en el partido, y no sospechará que estaremos a su isla. Además, admítelo, ¿no se merece que le estropeemos su intento de meter la cuchara en el campeonato?

Marietta inclinó la cabeza, con una expresión que mostraba cómo Tammy la había impresionado.

—No puedo discutir eso —concedió—. Pero de todas formas nuestra prioridad es la isla. El contrahechizo para el partido te lo dejo a ti, aunque sabes que te apoyo.

—Va a ser pesado —señalé—. El truco de Ari siempre ha radicado en manipular las creencias del público. Le decía a la gente: “Coloquen una cuchara frente a su televisor; ahora concéntrense en mí, y doblaré la cuchara”; y la cuchara a veces se doblaba. Hacía que la gente se concentrara; habría muchos psíquicos viendo una transmisión nacional. Ellos mismos doblaban la cuchara, y Ari se quedaba con el crédito. En este caso, tendrá a todos sus fans creyendo en su poder, poniendo su fe en su trabajo con el cráneo; y seguramente cuenta con que muchos mexicanos, en particular algunos jugadores, duden porque temen que sus poderes sean eficaces.

—Por eso mismo puse la imagen con el retrato de Mari —repuso Tamara—. Así, saben que Lady Satán se opondrá a Ari, y la visualizarán como en ese dibujo; el lunes vamos a trabajar usando el dibujo como punto focal —guiñó un ojo—. Dos pueden jugar el mismo juego. ¿No querrá apoyarnos tu coven? —me preguntó de repente— Creo que tienen un punto de ventaja en este caso…

Yo no tenía mucho interés en apoyar a un equipo deportivo, pero escuché su argumento, y era sensato. De momento lo omito; como dijo Marietta, hay cosas que es mejor no contar… todavía.

—Debiste poner “Lady Satán” y no Marietta —apoyó Jenny la observación previa de ésta.

—Así no ahuyentamos a quienes se podrían asustar con lo de “Satán” —de nuevo, no tuvimos argumentos para refutarla. A sus dieciocho años, Tammy tenía una comprensión notable de la magia y de la parapsicología; Marietta no podía haberle enseñado tanto en unos meses. Comprendí por qué su agilidad mental era tan propicia para el ámbito detectivesco en el que se proponía hacer una carrera.

—Pues entonces —dijo Jenny, tras acabarse su segunda rebanada de pan tostado—, ¿supongo que veremos ese asunto del agua potable de la ciudad esta noche? Ya sé que te gusta hacer todo de noche.

Marietta se quitó las gafas rojas para limpiarlas, y sonrió.

—Siempre.

La conversación siguió otros rumbos, pero en el fondo, me quedé pensando en la cuestión. La Copa Mundial no me podía interesar menos; pero bajo estas circunstancias, por primera vez esperaba que México lograra el triunfo en el juego del lunes. Estos eran tiempos extraños…

 

Créditos

 

“La encomienda” Copyright © 2025 Luis G. Abbadie. Debe ser reproducida siempre acreditando al autor.

Tamara Drew es creación original de Luis G. Abbadie, y apareció por primera vez en Nancy y el misterio del grimorio. Siete pasos hacia el Abismo (Tubal Albainn, 2026).

Lady Satán, publicada originalmente en Dynamic Comics 2 (1941) y 3 (1942) y en Red Seal Comics 17 (1946) y subsecuentes, su versión más conocida fue creada por George Tuska; es del dominio público debido a singularidades legales.

El personaje Jenny Everywhere está disponible para su uso por cualquier persona, con una sola condición: este párrafo debe incluirse en cualquier publicación que involucre a Jenny Everywhere, para que otros puedan utilizar esta propiedad como deseen. Todos los derechos revertidos.

Ari Heller fue creado por Gonzalo Martré y Víctor Cruz en “La sobrenatural estatua de oro”, historia publicada en Fantomas la Amenaza Elegante 2—265 (1976); es retomado aquí a manera de homenaje a las obras de sus creadores.

Los Héroes Convocables es una serie de relatos que retoman a personajes clásicos de dominio público, huérfanos o con derechos liberados, para traerlos a enfrentar los desafíos del mundo actual.

Esta es una obra de ficción, en ella cualquier semejanza con personajes y situaciones reales se sujeta a las normas de la parodia, y no pretende en ningún momento constituir una representación fidedigna de la realidad.

No es el fin...


1) Tamara conoció a Marietta en Nancy y el misterio del grimorio.

2) Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado.

3) En “Intermedio 3.5”.

4) El periodista es Tintín, y esto ocurrió en El collar de Milú - un misterio en tres centurias.

5) En Las Muchas Vidas de Octobriana: Tercera Guerra Mundial.

6) El vínculo entre ambos se explica en El último relato de Ambrose Bierce.

7) En un post del 26 de agosto de 2023.

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