martes, 14 de julio de 2026

Aguas turbias en Guadalajara — La amenaza de la calavera de cristal II

 


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—No hemos concluido aquí, y Mari se fue sin mí —dijo Tamara Drew mientras caminábamos por el Parque de la Revolución, el mal llamado pero ya generalizado “Parque Rojo”. Me había llamado el domingo por la tarde, de improviso, y propuso encontrarnos allí. Justo le había preguntado por qué, en esta ocasión, su maestra y compañera, Marietta Là—bas, no había venido con ella. Estaba enojada, de eso no me cabía duda.

—¿Marietta te dejó sin avisar? —intentaba comprender la situación.

—Todo lo que habíamos planeado se alteró. Íbamos a avanzar en lo posible con la investigación del problema del suministro de agua en Guadalajara, y luego nos marcharíamos las tres a la Isla de Lamb. Pero hicimos mal los cálculos.

Al decir “las tres”, se refería a la chica que se les había unido para su empresa, Jenny Everywhere, la misma que me había puesto en contacto con Marietta casi un año atrás. No dije nada; me pareció que lo mejor que podía hacer era escucharla. Ella prosiguió sin poner atención a mi falta de respuesta.

—Yo me encargué de rastrear algunos registros, mientras Mari interrogaba a algunos de los involucrados, los que habían sido asignados a las labores de mantenimiento del sistema de alcantarillado —me miró de reojo—. Ella es más eficaz que yo en los interrogatorios, no lo voy a negar.

Comprendía muy bien la afirmación de Tamara. Yo compartía con Marietta el interés en las ciencias ocultas y la Brujería de Cerco, pero ahora sabía que ella utilizaba sus considerables recursos —que no se limitaban a lo metafísico— en una lucha proactiva por aquellas causas que consideraba merecedoras de ello, utilizando en esos casos su nombre de oficio o nombre mágico, Lady Satán; por eso estaba aquí. En el último mes, el suministro de agua de la ciudad había sido contaminado de manera alarmante; por varios días, el agua que brotaba de cualquier grifo tenía el aspecto y la fetidez de las aguas negras del drenaje. Esto había aminorado, pero el agua todavía tenía un matiz marrón en varias zonas de la ciudad; además de heces fecales se habían detectado en el agua plomo, mercurio y otros metales pesados. Las autoridades advertían que no debía ser utilizada ni siquiera para lavarse los dientes, mucho menos para beber, y recomendaban comunicarse a una línea de emergencia en caso de sufrir enfermedades digestivas. Pero no parecía que hubiese una solución muy pronto; el gobierno se limitaba a recomendar el uso de agua embotellada mientras tanto, y lo peor era que algunos políticos pretendían abiertamente chantajear a los ciudadanos, al declarar que no apoyarían ninguna iniciativa de resolución hasta no ver a su partido favorecido en las próximas elecciones.

—Las cosas se complicaron —prosiguió Tamara—. Alguien me siguió pretendiendo intimidarme; mientras tanto, Marietta y Jenny empezaron a explorar los subterráneos que conectan con el drenaje, y se topó… pero bueno, a lo que iba es que mientras me encontraba en los archivos del SIAPA (1), escuché la radio que tenían encendida los empleados, y me di cuenta de nuestro error —agitó la mano con frustración—. Cuando platicamos contigo la otra tarde, fue cuando propuse a Marietta que hiciéramos una operación mágica para contrarrestar la que Ari Heller se proponía realizar para provocar que el equipo de soccer de Inglaterra venciera al de México. La idea original era aprovechar la distracción de Ari con el juego para visitar su isla privada a escondidas y explorarla; pero en mi opinión, podíamos hacer esto y también anular su influencia.

—Sí, recuerdo eso —nos aproximamos a una banca de concreto, y la señalé; nos sentamos allí a hablar.

—Pero estábamos con la idea de que el partido México—Inglaterra sería el lunes. ¡Y no es así, es hoy! —la miré sorprendido; entonces empecé a comprender.

—El cambio de horario…

—Así es —asintió con la cabeza, apretando los labios—. Marietta es francesa, y habíamos visto la nota sobre el partido en Le Monde. Y más tarde, cuando vimos ese video de Ari Heller mientras estábamos en el café, Ari también habló del “partido del lunes”; ¡claro, él vive en Israel! Pero en Jerusalén y en Francia, ahora mismo ya es la madrugada del lunes.

“Me comuniqué con Mari y con Jenny en cuanto pude, pero tardé más de una hora. Tuvieron problemas allá abajo —me miró de manera extraña—. ¿Sabías que hay toda una red de túneles allí abajo?

Asentí, y supongo que mi falta de reacción al respecto la sorprendió, pues me miró con desconcierto.

—Siempre ha sido una leyenda urbana, pero en varios sitios todavía existen entradas, o bien han sido hallados por accidente durante alguna excavación. Hay más de un sistema de túneles; el más conocido fue hecho durante la Guerra Cristera, y son seis túneles que convergen en la Catedral. Pero también están algunos hechos durante las fugas de presos de la antigua penal, que se encontraba aquí mismo donde estamos ahora, en el terreno del parque —señalé alrededor—. Lo que muy pocos saben es que hay algunos túneles más antiguos aún, que parecen remontarse a la época prehispánica, a la ciudad que se encontraba aquí mismo; algo que los arqueólogos no han podido corroborar porque varios empresarios hicieron un acuerdo desde los años 1980s para ocultar la presencia de vestigios en sus propiedades; los estúpidos creían que les confiscarían las tierras y perderían sus empresas si lo divulgaban, pues nunca se molestaron en conocer la legislación pertinente.

“Pero bueno, todas estas redes de túneles se encuentran conectadas; o mejor dicho, lo estuvieron, pues a estas alturas sólo quedan secciones dispersas y semidestruidas por las reformas de la ciudad. Mi abuelo tenía un plano de los túneles, que por desgracia ya no existe, fue robado cuando murió.

Tamara me escuchó intrigada; entonces retomó la palabra.

—Pues una de esas partes que se conservan debe ser la que encontraron Mari y Jenny. Uno de los capataces que interrogaron les habló de un plano que le había mostrado su superior; pero no de toda una red de túneles como el que dices, sólo de unos pasajes que se encuentran bajo una colonia. Se conectan con el drenaje en dos sitios; uno de ellos está tapiado. El otro, el capataz había recibido orden de reabrirlo y colocar una puerta con cerradura electrónica en él.

—Espera, ¿cerradura electrónica? ¿Y en qué colonia es esto?

—No recuerdo el nombre —se encogió de hombros, y reprimí mi frustración—. Pero esto fue previo al cierre y redirección de uno de los ductos de drenaje, causa de la contaminación del suministro. Un ducto distinto del drenaje principal; y aparentemente se conecta en algún sitio con esos túneles adyacentes.

—También es común eso —añadí—. Varias secciones de túneles se encuentran invadidas de aguas negras.

—Pero no todas tendrán contaminantes tan concretos —señaló, y le di la razón—. Y eso se complementa con lo que yo encontré; los metales que fueron detectados en el agua abundan en el subsuelo en ciertas zonas concretas de la ciudad. En fin, ese asunto de la cerradura también les extrañó, y fueron a investigar qué había allí que mereciera resguardarse a puerta cerrada.

_____

 

La furgoneta se detuvo en la entrada de una casona de la colonia Moderna; Marietta se apeó del asiento del conductor. Con su habitual vestido rojo, y una larga capa de igual color, la sombra de unos grandes eucaliptos que crecían en la acera oscureció su figura. Jenny Everywhere salió del lado opuesto, en fuerte contraste con su ropa casual y juvenil, y su infaltable bufanda. En sus manos traía una barra de hierro. Se dirigieron a las puertas traseras del vehículo, y Jenny las abrió, mientras Marietta extraía de algún sitio una pistola. El hombre que se hallaba allí, sentado, con las manos atadas en su espalda, les dirigió una mirada recelosa.

—Baja —ordenó Marietta. Él obedeció lo mejor que pudo. Lo siguieron a través del cancel de la casona, la cual había asegurado que se encontraba vacía, y atravesaron el jardín hasta llegar a la parte trasera. Allí, señaló con la cabeza una alcantarilla en el suelo, circundada de pasto.

—Esa es —dijo. Jenny se valió de la barra para levantarla, y la arrastró hasta dejar el hueco descubierto. Mientras tanto, Marietta exploró el jardín con la mirada. Había unos peldaños que conducían a una puerta trasera, con un barandal de hierro pintado de blanco. Asintió con la cabeza, y empujó al hombre hasta allí; entonces usó la cinta para tubería para sujetar sus brazos a las barras del barandal. Luego cubrió su boca con un par de vueltas de la cinta, y se reunió con Jenny.

—Vamos entonces —Jenny ya empezaba a descender; había una escalerilla en el muro. Una vez abajo, encendió la linterna de su celular. Marietta se le unió enseguida, y encendió una pequeña linterna de mano. Se encontraban en mitad de un túnel de drenaje; la pestilencia era fuerte pero no parecía preocupante. Caminaron por la banqueta de concreto que pasaba junto a un pequeño riachuelo de aguas negras, en la dirección que el capataz les había indicado. El túnel trazaba una amplia curva —más vale que esto valga la pena— murmuró Jenny. Unos doscientos metros más adelante, se encontraron con un entronque, y lo siguieron; allí no había ninguna banqueta, pero las aguas inmundas eran apenas un hilillo en el centro del suelo. Caminaron un trecho, y la luz de Jenny, que iba delante, alumbró una superficie de madera en el muro: una puerta. Se aproximaron, y Marietta se inclinó para estudiar una cerradura claramente nueva, de diseño cromado y moderno, con sólo cinco botones rojos. Era muy reciente, y no parecía haber residuos de uso que sugiriesen la posible secuencia de apertura. Estaba a punto de mencionarlo cuando se interrumpió al ver que se encontraba sola.

—¿Jenny? —recorrió el túnel con la linterna; no estaba a la vista. Entonces escuchó ruido metálico del otro lado de la puerta. Retrocedió unos pasos y extrajo su pistola como precaución, pero ya sospechaba lo que estaba pasando. En efecto, la puerta se abrió de inmediato, y Jenny se encontraba del otro lado. Ya le había dicho que ese era un truco que utilizaba en ocasiones. Marietta sacudió la cabeza— Debiste avisarme —le reprochó, mientras cruzaba la puerta.

Mientras recorría el sitio con su linterna, Jenny hizo lo mismo con el muro a ambos lados de la entrada, localizó un interruptor y lo accionó. Unas luces de neón se encendieron en el techo de piedra.

—Mucho mejor —declaró Jenny, y ambas observaron lo que las luces revelaban.

Eran unos tanques voluminosos, con la marca distintiva que identificaba sus contenidos como materiales tóxicos.

—Esto no debería estar aquí —dijo Jenny, acercándose a revisar un par de cajas de cartón junto al muro; ambas estaban vacías. Marietta se dirigió hacia los tanques, al notar una hoja de papel pegada con cinta a uno de ellos. Solo tenía tres líneas de texto, con unos códigos de letras y cifras. Tiró de un extremo de la cinta para retirarla y tomar el papel, e hizo presión contra el tanque con la otra mano; se sorprendió al sentir que el tanque se movía.

—¡Están vacíos! —dijo Marietta, comprobando los otros. Luego regresó al primero y se hizo con el papel. Jenny se aproximó a mirarlo.

—Habrá que saber qué son esos códigos —dijo—. ¿Qué es esto?

Al pie de la hoja había un símbolo, una especie de logotipo encerrado en un círculo; parecía una mano con dedos muy largos flexionados.

—Estos tanques no indican nada bueno —dijo Marietta—. Esto confirma lo que pensábamos: la contaminación del agua debió ser deliberada.

—Vámonos —propuso Jenny—. O espérame aquí, si quieres. Traeré a Laura para que nos diga lo que contenían los tanques.

Marietta optó por la segunda opción; continuó hurgando en el sitio mientras, a sus espaldas, aquel suave sonido shffft le advertía que Jenny había shifteado; se había marchado en busca de su amiga. Así era como había entrado a la cámara cerrada, sólo que Marietta había estado demasiado concentrada y no se fijó en el sonido. Al fin encontró lo que le molestaba: ¡aquellos tanques no habrían cabido por la puerta de acceso! Tenía que haber otra entrada. Pero los muros eran todos piedra, ladrillo y cemento. Aun valiéndose de su linterna, no encontró nada; no había marcas que pudiesen ser los bordes de alguna puerta oculta. Frustrada, empezó a revisar el suelo, también sin éxito. Entonces se le ocurrió mirar hacia arriba: allí estaba, una compuerta de madera, cuadrada, con cada lado de metro y medio. Se encaramó como pudo encima de uno de los tanques, en un equilibrio precario para que éste no se volcara; desde allí, alcanzaba la compuerta, aun cuando tenía que permanecer con una rodilla sobre el tanque. Entonces empujó, y para su sorpresa, no estaba asegurada; la pesada compuerta se abrió sobre su cabeza y hombros. Por fortuna el grosor del tanque hacía que soportara su peso sin problema. Allí arriba había luz; y era eléctrica, no luz exterior. Miró alrededor y se sobresaltó cuando su mirada se cruzó con la de un hombre con cabeza rasurada que la miraba perplejo, de pie a unos metros de distancia. Marietta se agachó de nuevo, dejando que la compuerta se cerrara de golpe, y su mano buscó instintivamente su pistola; mas el movimiento brusco hizo que perdiera el equilibrio; el tanque se volcó, y ella rodó por el suelo. La pistola escapó de su mano.

Se enderezó mientras veía cómo la compuerta se abría; buscó ansiosa su arma, pero no la veía por ninguna parte. No podía haberse deslizado tan lejos, ¿o sí?

Mientras se incorporaba, la localizó a un lado del tanque caído, a un par de metros. Vio movimiento en la compuerta, pero se enfocó en la pistola; necesitaba recuperarla. Saltó, echándose al suelo, con el brazo extendido, y sus dedos sujetaron el cañón mientras los pies del hombre caían en el suelo a menos de un metro de ella; maniobró la pistola para sujetarla debidamente al tiempo que rodaba sobre sus espaldas lista para encañonar al desconocido, pero éste propinó una patada que impactó dolorosamente en su mano, haciendo saltar el arma una vez más.

La mano del hombre sujetó algo en su cintura; seguramente traía su propia arma. Ir por la suya no era opción. Lady Satán giró otra vez boca abajo, apoyando su palma en el suelo, y pateó con fuerza a su agresor en el tobillo. El hombre cayó de bruces junto a ella, y su revólver se disparó al aire, en dirección opuesta, al caer con la mano que recién extraía la pistola entre su abdomen y el suelo. Ella apartó la mano del suelo, flexionó los dedos, no en puño sino manteniendo rectas las primeras falanges de cada dedo, y asestó un golpe con las articulaciones interfalángicas directo a la sien del agresor. Éste aulló de dolor, y giró para apartarse; alzó la mano con la pistola, pero ella no aguardó a ver si lo hacía como reflejo o con el fin de usarla; cerró esa misma mano sobre la mano que sujetaba el arma, torciéndola hacia él; si se movía rápido, podría colocarse sobre él.

La detonación la tomó por sorpresa. El grito del hombre cesó de golpe, y acabó de voltear su tórax boca arriba, respirando ruidosamente. Lady Satán no soltó su mano, pero sintió que dejaba de estar tensa; lo despojó de la pistola sin encontrar resistencia, y miró su rostro. Sus ojos muy abiertos no se enfocaban en nada; sus jadeos eran pausados, tomó aliento, y quedó inmóvil. Únicamente la sangre continuaba brotando de la herida de bala en su pecho.

Lady Satán se enderezó, sentada en el suelo, el revólver colgando holgadamente de su mano. Suspiró, y permaneció así mientras recuperaba el aliento.

No volteó cuando se produjo el familiar siseo; alzó la mirada despacio, y vio a Jenny, perpleja, con otra chica no menos sorprendida de pie a su lado, una pelirroja con gafas que vestía una bata de laboratorio y traía consigo una abultada maleta. Esa debía ser Laura Drake, la científica a quien Jenny se refería con frecuencia.

—¿Qué pasó aquí? —dijo Jenny— No te puedo dejar sola un minuto.

Lady Satán descartó ese comentario con un ademán de hastío.

_____

 

—Luego comparamos los códigos del papel que encontró Marietta con los de los documentos que revisé —decía Tamara Drew—, y encontramos que correspondían a los utilizados para clasificar los ductos de suministro de agua.

—¿Y cuál era el símbolo en esa hoja?

—Olvidé mencionar que el hombre que atacó a Mari tenía tatuado ese mismo símbolo en su muñeca. Mira —hurgó en su bolsillo, extrajo su celular y me mostró una fotografía: tal como lo había descrito, se trataba de una especie de mano alargada, estilizada, con dedos puntiagudos.

Una especie de garra.

—Laura Drake ya analizó una muestra de los contenidos de los tanques. Coinciden en dos puntos con los elementos tóxicos que contaminan el agua.

—¿Puestos deliberadamente? —dije, impactado.

—Nota que el documento no tiene el logo del SIAPA; únicamente ese símbolo. Es alguien más.

—No me vas a decir ahora que el director del SIAPA está libre de toda culpa —protesté.

—Claro que no. Pero hay varios intereses en juego. Mira —extrajo de su bolsillo un plano de la red de alcantarillado, en este caso era una fotocopia tomada de un libro. Había varios puntos señalados a mano—. Mira, los túneles que exploraron las chicas se encuentran aquí; sabemos de otros en este sitio. Pero hay dos sitios donde los conductos de aguas negras fueron desviados y conectados al suministro de agua.

—Pero… eso es en ductos principales, ¡antes de distribuirse por distintos sectores de la ciudad!

—Eso —Tamara me miró muy seria— tuvo que hacerse como parte de las restauraciones hechas a lo largo del año. Quienquiera que ocultó esos tanques, y que usa ese símbolo, coordinó sus acciones con estas modificaciones.

“Pienso que contaminar el agua con desechos de drenaje fue usado para encubrir la adición de compuestos aun más peligrosos, si esto fuera posible.

—Más letal que las aguas negras es difícil de imaginar.

—Considera el mercurio —el rostro de Tamara era rígido, sombrío—. No es necesario ingerirlo; el contacto prolongado con la piel es suficiente. Los efectos incluyen debilidad, falta de coordinación, ansiedad, problemas de memoria, fallas en la vista y el oído; a los niños les puede provocar enfermedades de la piel y reducir su proceso cognitivo. La cantidad no será grande, pero aunque no consuman el agua, siguen bañándose con ella, lavando la loza, su ropa de uso diario.

—¿Por qué iba a hacer eso el SIAPA?

—No creo que sean ellos; se trata de alguien más, con mayor alcance. De su parte no creo que haya otra cosa que indolencia y deseo de apropiarse de los recursos de la ciudad. Ellos mismos fueron manipulados, aprovechando su codicia, su desinterés hacia el pueblo.

Tamara calló, y yo me encontraba tan absorto asimilando lo que había dicho, que me tardé en percatarme de la forma en que me miraba. Era curioso; una chica de apenas dieciocho años, cabello corto, vestida con jeans y playera, que me miraba como si estuviera valorando hasta qué punto podía contarme la verdad. Y así era; a final de cuentas apenas nos habíamos conocido en persona, aun si existía un contacto previo con Marietta. Por fin, retomó la palabra:

—No sé si hayas escuchado acerca de los planes de control de sobrepoblación que tienen Allon Mushek y otros empresarios —dijo—. En los Expedientes Eppenstein apareció una carta donde el millonario Will Bates discutía con él cómo aprovechar una pandemia para forzar la implementación de las compras digitales en condiciones de aislamiento masivo, y ya estaba Bates almacenando suministros para un periodo de aislamiento inminente… en 2017.

—Sí, supe de eso.

Marietta se inclinó hacia adelante.

—Como dije, no creo que las razones para esto sean otra cosa que irresponsabilidad y desviación de recursos —repuso—. En cuanto a las razones directas por las que las personas a cargo hicieron esto. Pero esta es una de las ciudades con mayor índice de población en este país; la zona urbana casi alcanza los seis millones de habitantes. Y los planes de eugenesia de ciertos individuos no incluyen a los mexicanos como prioridad de supervivencia.

“Lo que pensamos es que hay una manipulación que se ha llevado a cabo detrás de bambalinas. Las chicas de Oktyabr Samizdat (3) me han hablado de alguien en particular que ha estado haciendo esto, a quien algunos se refieren simplemente como la Garra. Encontraron indicios de él en la Isla Eppenstein (3). Creo que la Garra, sea quien sea, o lo que sea, está detrás de estos planes de eugenesia.

—La Garra —repetí—. Sí, Jenny me había hablado de esto. Y el símbolo que me mostraste, es una garra.

—Dicho sea de paso —agregó—, no creo que sea casualidad que el escenario temporal que Ronald Drumpf hizo montar frente a la Casa Blanca fuera bautizado “la Garra”.

No supe qué responder; la coincidencia, en efecto, era inquietante.

—Pero entonces, lo del agua…

—¿Con qué frecuencia has enfermado en las últimas semanas? ¿Las personas que conoces?

Lo pensé un momento. Aunque algunos tomábamos precauciones, en efecto había una abundancia de malestares digestivos sin motivo claro en las dos semanas anteriores. La inercia hacía que nuestra cautela fuese perezosa. Cuando era niño, existía una precaución generalizada debido a que el agua no era limpia, pero no llegaba a tal grado; aun cuando se sabía que no era potable, los bebederos públicos y escolares no provocaban daño alguno. ¿Cuántas personas no estarían haciendo caso omiso? ¿Y si el no ingerirla o lavar con agua embotellada no bastaba?

—Falta una hora para el partido —dijo Tamara, mirando su celular—. Postea algo a esas horas por favor.

—¿Por qué? —ella sabía de mi absoluta falta de interés en el juego.

—El comentario que puse en el post del Facebook de Ari fue notado —repuso—. Mira con discreción; ese sujeto que está apoyado en el muro a tu izquierda. Nos siguió por el parque. Te aseguro que es Mossad.

—Qué… —eso me sobresaltó—. Qué tiene que ver el Mossad con el futbol?

Tamara se encogió de hombros.

—Bueno, también podrían ser CIA; pero le voy al Mossad. Y no creo que sea culpa mía. Desde que publicaste la versión doblada del video clip de Oktyabr Samizdat en tu canal de YouTube, donde muestran la máscara de Neshayahu que encontraron en aquel estudio de grabación oculto bajo la Colina del Templo en Jerusalén. Ellas grabaron parte de su video en ese mismo túnel (4). No es como si fueran discretas.

—Por eso le pedí a un amigo que le pusiera esos filtros, para que el video pareciera IA —protesté.

—Pero ellas lo habían posteado en su canal en la versión original, aunque se lo hayan bloqueado una y otra vez. Como sea, claro que te van a estar observando; pero ahora más que nunca, ya que el mensaje a Ari Heller de parte de Lady Satán llegó desde tu cuenta (5). Por fortuna, la rastrearon a ella, y confirmaron que estaba aquí, que el mensaje era de su parte.

—¿Por fortuna? Y otra vez, ¿qué pinta el Mossad en esto? ¿Ari Geller tiene lazos con ellos?

—¡Sí! Heller no sólo vive en Jerusalén, ha hecho visitas a las tropas que atacan Irán para darles motivación; seguramente también les da apoyo psíquico.

Me eché hacia atrás en el asiento, preocupado. No me gustaba que Tamara me hubiera arrastrado a algo semejante.

—Recuerda que la oposición contra Ari es nuestra coartada —prosiguió Tamara, sin fijarse; se inclinó hacia mí y bajó más la voz—. Ari cree que Mari está aquí en México, y que estará realizando una operación mágica para bloquear su apoyo al equipo de Inglaterra. Pero no saben de Jenny; ignoran que pueden llegar a la Isla de Lamb sin necesidad de pasar por el aeropuerto. Por lo que ahora mismo voy a regresar a la casa que alquilamos, y sí, en caso de que la percepción psíquica de Ari detecte el trabajo en su contra, detectará la influencia de Mari, pues usaré su athame (6); pero el trabajo de oposición lo haré yo sola —se rio con buen humor—. Imagínate; ¡el psíquico más famoso del mundo en “guerra mágica” con una brujita de dieciocho años que nunca ha hecho algo parecido antes!

“Ya en serio —añadió sin dejar de sonreír—, por lo que sé, Ari es bueno en esto; ¡ya con que México logre uno o dos goles contra Inglaterra, aunque no gane, me voy a sentir que soy Selena Fox o Starhawk! (7) Aunque más bien será señal de que pensar en la oposición de Lady Satán puso nervioso a Ari; y si se siente inseguro, es justo lo que puede hacer que fracase. De todas maneras, estoy agotada; lo haré, sólo para que Ari detecte el trabajo, pero creo que me dormiré antes que acabe el partido.

En el momento en que escribo estas líneas, el lector ya conoce los resultados; Ari Heller, el gran psíquico, puede presumir de no haber sido derrotado… no por Lady Satán, sino por una neófita que terminó por hacer una operación mágica sin ánimos y con sueño. Me encontraba en contacto con Tammy —hice un par de posts sobre la cuestión, para insistir en que Lady Satán estaba en ello—, y sé que el único gol a favor de México fue justo a la hora que ella concluía su conjuro. Toma eso, Heller.

Pero hasta el otro día habríamos de saber lo que había ocurrido durante la incursión de Marietta y Jenny Everywhere en la isla de Heller; habían encontrado muchas cosas inquietantes.

 

Concluirá en la próxima entrega


 

Créditos

“Aguas turbias en Guadalajara — La amenaza de la calavera de cristal II” Copyright © 2026 Luis G. Abbadie. Debe ser reproducida siempre acreditando al autor.

Tamara Drew es creación original de Luis G. Abbadie, y apareció por primera vez en Nancy y el misterio del grimorio. Siete pasos hacia el Abismo (Tubal Albainn, 2026).

Lady Satán, publicada originalmente en Dynamic Comics 2 (1941) y 3 (1942) y en Red Seal Comics 17 (1946) y subsecuentes, su versión más conocida fue creada por George Tuska; es del dominio público debido a singularidades legales.

El personaje Jenny Everywhere está disponible para su uso por cualquier persona, con una sola condición: este párrafo debe incluirse en cualquier publicación que involucre a Jenny Everywhere, para que otros puedan utilizar esta propiedad como deseen. Todos los derechos revertidos.

El personaje Laura Drake fue creada por Jeanne Morningstar y puede ser utilizada por cualquier persona sin atribución alguna. Todos los derechos revertidos.

Ari Heller fue creado por Gonzalo Martré y Víctor Cruz en “La sobrenatural estatua de oro”, historia publicada en Fantomas la Amenaza Elegante 2—265 (1976); es retomado aquí a manera de homenaje a las obras de sus creadores.

La Garra fue creado por Lev Gleason en Silver Streak Comics 1 (1939), y es ahora del dominio público.

Los Héroes Convocables es una serie de relatos que retoman a personajes clásicos de dominio público, huérfanos o con derechos liberados, para traerlos a enfrentar los desafíos del mundo actual.

Esta es una obra de ficción, en ella cualquier semejanza con personajes y situaciones reales se sujeta a las normas de la parodia, y no pretende en ningún momento constituir una representación fidedigna de la realidad.

  

 Notas

 1) Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado.

2) El grupo de rock ruso rebelde, formado íntegramente por mujeres y liderado por Octobriana, que se opone al régimen.

3) Ver “Las muchas vidas de Octobriana. Tercera Guerra Mundial”

4)Títeres del odio”.

5) En realidad, fue publicado por Tamara; esto sucedió en la entrega anterior, "La amenaza de la calavera de cristal".

6) Una daga de bruja consagrada.

7) Brujas contemporáneas prominentes, conocidas por defender causas sociales, sobre todo Starhawk, promotora del activismo social y mágico.

Murky waters in Guadalajara — The Threat of the Crystal Skull II

 


Puedes leerlo en Español aquí 

“We’re not finished here, and Mari left without me,” Tamara Drew said as we walked through Revolution Park, the misnamed but now widely dubbed “Red Park.” She had called me unexpectedly Sunday afternoon and suggested we meet there. I had just asked her why, this time, her teacher and colleague, Marietta Là-bas, hadn’t come with her. She was angry, of that I had no doubt.

“Marietta left you without warning?” I asked, trying to understand the situation.

“Everything we had planned fell apart. We were going to make as much progress as possible with the investigation into the water supply problem in Guadalajara, and then the three of us would go to Lamb Island. But we miscalculated.” By “the three of us,” she meant the girl who had joined them for their project, Jenny Everywhere, the same one who had put me in touch with Marietta almost a year earlier. I didn’t say anything; it seemed to me that the best thing I could do was listen to her. She went on, ignoring my lack of response.

“I took care of tracking down some records, while Mari interrogated some of those involved, those assigned to sewer system maintenance.” She glanced at me sideways. “She’s more effective than I am at interrogations, I won’t deny it.” I understood Tamara’s statement perfectly. I shared Marietta’s interest in the occult and Hedge Witchcraft, but now I knew that she used her considerable resources—which weren’t limited to the metaphysical—in a proactive fight for causes she deemed worthy, using her Craft name or magickal name, Lady Satan; that’s why I was here. In the last month, the city’s water supply had been alarmingly contaminated; for several days, the water flowing from any tap looked and smelled like raw sewage. This had lessened, but the water still had a brownish hue in several parts of the city; In addition to fecal matter, lead, mercury, and other heavy metals had been detected in the water. Authorities warned that it shouldn't even be used for brushing teeth, much less drinking, and recommended contacting an emergency hotline in case of digestive problems. But a solution didn't seem likely anytime soon; the government simply recommended using bottled water in the meantime, and worst of all, some politicians were openly trying to blackmail citizens by declaring they wouldn't support any resolution until their party won the next election.

"Things got complicated," Tamara continued. "Someone followed me, trying to intimidate me; meanwhile, Marietta and Jenny started exploring the underground passages that connect to the drainage system, and they stumbled upon… but anyway, what I wanted to say is that while I was at the SIAPA (1) archives, I heard the radio the employees had on, and I realized our mistake"—she waved her hand in frustration. When we talked the other afternoon, that's when I suggested to Marietta that we perform a magickal working to counteract the one Ari Heller was planning to make the England soccer team beat Mexico. The original idea was to take advantage of Ari's distraction with the game to secretly visit his private island and explore it; but in my opinion, we could do that and also nullify his influence.

"Yes, I remember that," she said. We approached a concrete bench, and I pointed to it; we sat down there to talk.

"But we were under the impression that the Mexico-England match would be on Monday. And it's not, it's today!" I looked at her in surprise; then I began to understand.

"The time shift..."

"That's right," she nodded, pressing her lips together. "Marietta is French, and we had seen the article about the match in Le Monde. And later, when we watched that video of Ari Heller while we were at the café, Ari also mentioned 'Monday's match'; of course, he lives in Israel!" But in Jerusalem and France, it's already early Monday morning.

“I contacted Mari and Jenny as soon as I could, but it took me more than an hour. They were having trouble down there”—she looked at me strangely—“Did you know there's a whole network of tunnels down there?” I nodded, and I suppose my lack of reaction surprised her, because she looked at me puzzled.

“It's always been an urban legend, but entrances still exist in several places, or they've been found by accident during excavations. There's more than one tunnel system; the most well-known was made during the Cristero War, and it consists of six tunnels that converge at the Cathedral. But there are also some made during prison breaks from the old penitentiary, which was right here where we are now, on the park grounds”—I gestured around—“What very few people know is that there are some even older tunnels, which seem to date back to pre-Hispanic times, to the city that once stood here; something that archaeologists have been unable to corroborate because several business owners made an agreement in the 1980s to conceal the presence of archaeological remains on their properties; these fools believed that their land would be confiscated and they would lose their businesses if they revealed it, as they never bothered to familiarize themselves with the relevant legislation.

“Well, all these tunnel networks are connected; or rather, they were, because at this point only scattered sections remain, half-destroyed by the city's renovations. My grandfather had a map of the tunnels, which unfortunately no longer exists; it was stolen when he died.” Tamara listened, intrigued, then continued. “Well, one of the remaining sections must be the one Mari and Jenny found. One of the foremen they questioned told them about a map his superior had shown him; but not of a whole network of tunnels like the one you're talking about, just some passages located under a residential area. They connect to the drainage system in two places; one of them is sealed off. The foreman had been ordered to reopen the other and install a door with an electronic lock.”

"Wait, an electronic lock? And what neighborhood is this in?"

"I don't remember the name," she shrugged, and I suppressed my frustration. "But this was before the closure and redirection of one of the drainage pipes, which caused the water supply contamination. A separate pipe from the main sewer line; and apparently it connects somewhere with those adjacent tunnels."

"That's common too," I added. "Several sections of tunnels are flooded with sewage."

"But not all of them will have such specific contaminants," he pointed out, and I agreed. "And that goes along with what I found; the metals that were detected in the water are abundant underground in certain specific areas of the city." Anyway, the lock thing also puzzled them, and they went to investigate what was there that warranted keeping it locked.

_____

 

The van stopped in front of a large house in the Colonia Moderna neighborhood; Marietta got out of the driver's seat. Wearing her usual red dress and a long, matching red cape, she was obscured by the shadows of large eucalyptus trees growing along the sidewalk. Jenny Everywhere got out from the opposite side, a stark contrast with her casual, youthful clothes and ever-present scarf. She carried an iron bar. They went to the back doors of the vehicle, and Jenny opened them while Marietta retrieved a pistol from somewhere. The man sitting there, his hands tied behind his back, gave them a suspicious look.

"Get out," Marietta ordered. He obeyed as best he could. They followed him through the gate of the house, which he had assured them was empty, and through the garden to the back. There, he nodded toward a drain in the ground, surrounded by grass.

"That's it," he said. Jenny used the bar to lift her up and dragged her out, exposing the opening. Meanwhile, Marietta scanned the garden. There were steps leading to a back gate with a white-painted iron railing. She nodded and pushed the man over; then she used duct tape to secure his arms to the railing bars. She wrapped a couple of times of the tape around his mouth and rejoined Jenny.

"Let's go then," Jenny said, already starting to climb down; there was a ladder on the wall. Once at the bottom, she turned on her cell phone's flashlight. Marietta joined her immediately and switched on a small handheld flashlight. They were in the middle of a drainage tunnel; the stench was strong but didn't seem worrisome. They walked along the concrete walkway that ran beside a small stream of sewage, in the direction the foreman had indicated. The tunnel curved sharply—this had better be worth it, Jenny murmured. About two hundred meters ahead, they came to a junction and followed it; there was no bench, but the filthy water was barely a trickle in the middle of the floor. They walked a short distance, and Jenny's light, as she walked ahead, illuminated a wooden surface on the wall: a door. They approached, and Marietta bent down to study a clearly new lock, chrome-plated and modern, with only five red buttons. It was very recent, and there seemed to be no trace of use to suggest the possible opening sequence. She was about to mention it when she stopped herself, realizing she was alone.

"Jenny?" She scanned the tunnel with her flashlight; Jenny wasn't in sight. Then she heard a metallic clang on the other side of the door. She took a few steps back and drew her pistol as a precaution, but she already suspected what was happening. Sure enough, the door opened immediately, and Jenny was on the other side. I had already told her that was a trick he used sometimes. Marietta shook her head. "You should have warned me," she reproached her, as she walked through the door.

As she scanned the site with her flashlight, Jenny did the same along the wall on either side of the entrance, located a switch, and flipped it. Neon lights flickered onto the stone ceiling.

"Much better," Jenny declared, and they both looked at what the lights revealed.

They were bulky tanks, marked with the distinctive symbol that identified their contents as toxic materials.

"This shouldn't be here," Jenny said, going over to check a couple of cardboard boxes by the wall; both were empty. Marietta headed toward the tanks, noticing a piece of paper taped to one of them. It had only three lines of text, with a series of letter and number codes. She pulled one end of the tape to remove it and take the paper, pressing it against the tank with her other hand; she was surprised to feel the tank move.

"They're empty!" Marietta said, checking the others. Then she went back to the first one and took the paper. Jenny approached to examine it.

"We'll have to find out what those codes are," she said. "What is this?" At the bottom of the sheet was a symbol, a kind of logo enclosed in a circle; it looked like a hand with very long, flexed fingers.

"These tanks don't bode well," Marietta said. "This confirms what we suspected: the water contamination must have been deliberate."

"Let's go," Jenny suggested. "Or wait here, if you prefer. I'll bring Laura so she can tell us what was in the tanks."

Marietta opted for the second option; she continued searching the site while, behind her, that soft "shffft" noise warned her that Jenny had shifted; she had gone to find her friend. That was how she had entered the sealed chamber, only Marietta had been too focused and hadn't noticed the sound. Finally, she found what was bothering her: those tanks wouldn't have fit through the access door! There had to be another entrance. But the walls were all stone, brick, and cement. Even using her flashlight, she found nothing; there were no markings that could be the edges of a hidden door. Frustrated, she began to search the floor, also without success. Then it occurred to her to look up: there it was, a square wooden hatch, each side a meter and a half long. She clambered as best she could onto one of the tanks, precariously balancing to keep it from tipping over; from there, she could reach the hatch, even though she had to keep one knee on the tank. Then she pushed, and to her surprise, it wasn't secured; the heavy hatch opened above her head and shoulders. Fortunately, the thickness of the tank meant it supported her weight without any problem. Up there, there was light; and it was electric, not natural light. She looked around and was startled when her gaze met that of a man with a shaved head who was staring at her, perplexed, standing a few meters away. Marietta ducked again, letting the hatch slam shut, and her hand instinctively reached for her pistol; but the sudden movement made her lose her balance; the tank tipped over, and she rolled on the ground. The pistol slipped from her hand.

She straightened up as she watched the hatch open; she anxiously searched for her weapon, but couldn't see it anywhere. It couldn't have slipped that far, could it?

As she got to her feet, she located it beside the fallen tank, a couple of meters away. She saw movement at the hatch, but her focus remained on the pistol; she needed to retrieve it. She jumped, landing on the ground, arm outstretched, her fingers gripping the barrel as the man's feet hit the ground less than a couple of feet away; she maneuvered the pistol into a secure grip as she rolled onto her back, ready to point it at the stranger, but he delivered a kick that landed painfully on her hand, sending the weapon away once more.

The man's hand clutched something at his waist; he must have had his own weapon. Reaching for his wasn't an option. Lady Satan rolled onto her stomach again, palm down, and kicked her attacker hard in the ankle. The man fell face down beside her, and his revolver shot into the air, in the opposite direction, as he landed with the hand that had just drawn the pistol between his abdomen and the ground. She lifted his hand from the ground, flexed her fingers, not into a fist but keeping the first joints of each finger straight, and struck the aggressor's temple with the interphalangeal joints. He howled in pain and turned to move away; he raised his hand with the pistol, but she didn't wait to see if he did so reflexively or to use it; she closed that same hand over the hand holding the weapon, twisting it toward him; if he moved quickly, she could get on top of him.

The detonation took her by surprise. The man's scream stopped abruptly, and he finished turning his chest onto his back, breathing noisily. Lady Satan didn't let go of his hand, but she felt it relax; She disarmed him without resistance and looked at his face. His wide eyes were unfocused; his gasps were slow and in short gasps. He took a breath and lay motionless. Only the blood continued to seep from the bullet wound in his chest.

Lady Satan sat up on the floor, the revolver hanging loosely from her hand. She sighed and remained like that as she caught her breath.

She didn't turn when the familiar hiss occurred; she slowly raised her gaze and saw Jenny, perplexed, with another equally surprised girl standing beside her, a redhead with glasses wearing a lab coat and carrying a bulky suitcase. That must be Laura Drake, the scientist Jenny often referred to.

"What happened here?" Jenny said. "I can't leave you alone for a minute."

Lady Satan dismissed the comment with a weary gesture.

_____

 

“Then we compared the codes on the paper Marietta found with those in the documents I reviewed,” Tamara Drew said, “and we found they corresponded to the ones used to classify the water supply pipes.”

“And what was the symbol on that sheet?”

“I forgot to mention that the man who attacked Mari had that same symbol tattooed on his wrist. Look.” She rummaged in her pocket, pulled out her cell phone, and showed me a photograph: just as I had described, it was a kind of elongated, stylized hand with pointed fingers.

A kind of claw.

“Laura Drake already analyzed a sample of the tank contents. They match two points with the toxic elements that contaminate the water.”

“Deliberately placed there?” I said, shocked.

“Notice that the document doesn’t have the SIAPA logo; only that symbol. It’s someone else.”

“You’re not going to tell me now that the director of SIAPA is completely blameless,” I protested. “Of course not. But there are several interests at play. Look”—she pulled a map of the sewer network from her pocket, in this case a photocopy from a book. Several points were marked by hand—“Look, the tunnels the girls explored are here; we know of others in this area. But there are two places where the sewage pipes were diverted and connected to the water supply.”

“But… that’s in the main pipes, before they branch out to different parts of the city!”

“That”—Tamara looked at me very seriously—“had to be done as part of the renovations carried out throughout the year. Whoever hid those tanks, and who uses that symbol, coordinated their actions with these modifications.” “I think contaminating the water with sewage was used to cover up the addition of even more dangerous compounds, if that were possible.

—More lethal than sewage is hard to imagine.

—Consider mercury—Tamara’s face was taut, grim—. You don’t have to ingest it; prolonged skin contact is enough. The effects include weakness, lack of coordination, anxiety, memory problems, and impaired vision and hearing; in children, it can cause skin diseases and impair cognitive function. The amount won’t be large, but even if they don’t drink the water, they still bathe in it, wash dishes, and use it for everyday laundry.

—Why would SIAPA do that?”

“I don’t think it’s them; it’s someone else, with greater reach. I don’t think there’s anything on their part other than indolence and a desire to seize the city’s resources. They themselves were manipulated, their greed and disinterest in the people exploited.” Tamara fell silent, and I was so absorbed in processing what she had said that I didn’t notice the way she was looking at me. It was curious; a girl of barely eighteen, with short hair, dressed in jeans and a t-shirt, looking at me as if she were assessing how much of the truth she could tell me. And that was it; after all, we had barely met in person, even though there had been previous contact with Marietta. Finally, she spoke again:

“I don’t know if you’ve heard about the overpopulation control plans that Allon Mushek and other businessmen have,” she said. In the Eppenstein Files, a letter surfaced in which millionaire Will Bates discussed with him how to exploit a pandemic to force the implementation of online shopping under conditions of mass isolation, and Bates was already stockpiling supplies for an imminent period of isolation… in 2017.

“Yes, I knew about that.”

Marietta leaned forward.

“As I said, I don’t think the reasons for this are anything other than irresponsibility and a diversion of resources,” she replied. “As for the direct reasons why the people in charge did this, this is one of the most densely populated cities in the country; the urban area is almost six million inhabitants. And the eugenic plans of certain individuals do not include Mexicans as a survival priority.” “What we think is that there’s manipulation going on behind the scenes. The girls from Oktyabr Samizdat (2) told me about someone in particular who’s been doing this, whom some refer to simply as the Claw. They found evidence of him on Eppenstein Island. (3) I think the Claw, whoever or whatever he is, is behind these eugenic plans.”

“The Claw,” I repeated. “Yes, Jenny told me about this. And the symbol you showed me is a claw.”

“By the way,” she added, “I don’t think it’s a coincidence that the temporary stage Ronald Trump had set up in front of the White House was named ‘The Claw.’” I didn’t know what to say; the coincidence was indeed unsettling.

“But then, about the water…”

"How often have you been sick in the last few weeks? And how often have people you know been sick?" I thought about it for a moment. Although some of us were taking precautions, there had indeed been an abundance of digestive problems with no clear cause in the previous two weeks. Inertia made our caution lazy. When I was a child, there was a general sense of caution because the water wasn't clean, but it wasn't to this degree; even though it was known to be unsafe to drink, the public and school drinking fountains didn't cause any harm. How many people were ignoring the warnings? What if not drinking it or washing with bottled water wasn't enough?

"There's an hour until the game," Tamara said, looking at her cell phone. "Post something around that time, please."

"Why?" She knew of my complete lack of interest in the game.

"The comment I made on Ari's Facebook post got noticed," she replied. "Look discreetly; that guy leaning against the wall to your left. He followed us through the park." I assure you it's Mossad.

"What…" That startled me. "What does Mossad have to do with soccer?" Tamara shrugged.

"Well, it could also be the CIA; but I'm going with Mossad. And I don't think it's my fault. Ever since you posted the dubbed version of Oktyabr Samizdat's music video on your YouTube channel, where they show the Neshayahu mask they found in that hidden recording studio under the Temple Mount in Jerusalem. They filmed part of their video in that same tunnel. (4) It's not like they're being discreet."

"That's why I asked a friend to add those filters, to make the video look AI-generated," I protested.

"But they had posted the original version on their channel, even though it got blocked time and time again. Anyway, of course they're going to be watching you." But now more than ever, since Lady Satan's message to Ari Heller came from your account. (5) Fortunately, they traced her and confirmed she was here, that the message was from her.

"Fortunately? And again, what does Mossad have to do with this? Does Ari Geller have ties to them?"

"Yes! Heller not only lives in Jerusalem, she's visited the troops attacking Iran to give them motivation; she's probably also giving them psychic support." I leaned back in my seat, worried. I didn't like that Tamara had dragged me into something like this.

"Remember that the opposition against Ari is our cover," Tamara continued, without looking; she leaned toward me and lowered her voice even more. "Ari thinks Mari is here in Mexico, and that she's carrying out a magical operation to block his support for the England team. But they don't know about Jenny; they're unaware that they can get to Lamb Island without going through the airport." So right now I'm going back to the house we rented, and yes, if Ari's psychic perception detects the work against him, it will detect Mari's influence, because I'll use her athame (6); but I'll do the opposing work myself—she laughed good-naturedly. Imagine; the most famous psychic in the world in "magical warfare" with an eighteen-year-old witch who's never done anything like this before!

“Seriously though,” she added, still smiling, “from what I know, Ari is good at this; if Mexico manages just one or two goals against England, even if they don’t win, I’ll feel like Selena Fox or Starhawk! (7) Although it’ll probably just show that the thought of Lady Satan’s opposition made Ari nervous; and if he feels insecure, that’s exactly what could make him fail. Anyway, I’m exhausted; I’ll do it, just so Ari can detect the work, but I think I’ll fall asleep before the match is over.” At the time of writing, the reader already knows the results; Ari Heller, the great psychic, can boast of not having been defeated… not by Lady Satan, but by a novice who ended up performing a magic trick half-heartedly and sleepily. I was in contact with Tammy—I made a couple of posts about it, to emphasize that Lady Satan was involved—and I know that Mexico’s only goal came right at the time she finished her spell. "Take that, Heller."

But we wouldn't learn until the next day what had happened during Marietta and Jenny Everywhere's raid on Heller's island; they had found many disturbing things.

 

To be concluded in the next installment.

 Credits

“The Threat of the Crystal Skull” Copyright © 2026 Luis G. Abbadie. It must always be reproduced with credit given to the author.

Tamara Drew is an original creation of Luis G. Abbadie, and first appeared in Nancy y el misterio del grimorio. Siete pasos hacia el Abismo (Tubal Albainn, 2026).

Lady Satan, originally published in Dynamic Comics 2 (1941) and 3 (1942) and in Red Seal Comics 17 (1946) and subsequent issues, her best-known version was created by George Tuska; she is in the public domain due to legal peculiarities.

The character Jenny Everywhere is available for anyone to use, with one condition: this paragraph must be included in any publication involving Jenny Everywhere, so that others may use this property as they wish. All rights reversed.

The character Laura Drake was created by Jeanne Morningstar and may be used by anyone without attribution. All rights reserved.

Ari Heller was created by Gonzalo Martré and Víctor Cruz in “The Supernatural Golden Statue”, a story published in Fantomas la Amenaza Elegante 2-265 (1976); he is taken up again here as a tribute to the works of his creators.

The Claw was created by Lev Gleason in Silver Streak Comics 1 (1939), and now belongs to Public Domain.

The Available Heroes is a series of stories that bring back classic public domain characters, orphaned or open source, to face the challenges of today's world.

This is a work of fiction, in which any resemblance to real-life characters and situations is subject to the rules of parody, and is not intended in any way to constitute a faithful representation of reality.

 

 Footnotes

 ) Intermunicipal System of Drinking Water and Sewerage Services.

2) The rebellious, all-female Russian rock group led by Octobriana, which opposes the regime.

3) See “Las muchas vidas de Octobriana. Tercera Guerra Mundial”

5) Actually posted by Tamara; this happened in the previous installment, “The Threat of the Crystal Skull

6) Consecrated witch-dagger.

7) Prominent contemporary witches, known for championing social causes, especially Starhawk, a promoter of social and magical activism.

domingo, 5 de julio de 2026

La amenaza de la calavera de cristal

 


You can read it in English here

“Hay algo en el aire que me dice hazlo, hazlo, hazlo”.

—Arturo Accio

 

—Hay cosas que es mejor no contar, todavía —decía Marietta, interrumpiéndose para tomar un sorbo de café—. Y algunas que será mejor que nunca se sepan. Así es mejor.

Asentí, resignado a que algunas de mis preguntas quedarían sin respuesta, mientras la mesera se llevaba mi taza anterior, e hice a un lado el libro de poesía de Arturo Accio que había estado leyendo mientras aguardaba a Marietta para que colocara una segunda taza. Bajo el delantal, la chica llevaba una camiseta verde, el uniforme de la Selección Nacional. El Mundial de Futbol era una obsesión generalizada.

Era la primera vez que veía a Marietta Là-bas en persona, y no me extrañaba que atrajera las miradas de quienes recién ingresaban al Madoka. Contra lo que algunos supondrían, su estatura y figura no eran las razones principales, sino su atuendo: un ajustado vestido corto de un rojo intenso, y una capa de igual color, la cual, aunque llevase la capucha colgada hacia atrás, no dejaba de ser una prenda inusual, por decir lo obvio. Unas gafas de cristales y montura rojas completaban una imagen que no podía pasar desapercibida. Noté un cambio: su cabello era negro de nuevo. La primera vez que la vi, un año atrás, en una fotografía, ostentaba una cabellera negra similar, aunque más corta; el retrato que hice de ella para el libro El collar de Milú, usando esa foto como referencia, así la retrataba. Mas poco después, unos videos, y una videollamada, la mostraron como una mujer rubia; al preguntarle en esa ocasión, durante nuestra primera comunicación directa —ella en Milán, yo en Guadalajara—, me explicó que su cabello era naturalmente rubio; antes de eso había usado una peluca para verse similar a su abuela, Celeste, cuyo estilo y nombre de oficio, utilizados cuando formó parte de la resistencia durante la ocupación Nazi de Francia, había heredado: Lady Satán.

Su cabello realmente parecía natural. Dejando de lado el gusto de algunas mujeres por cambiar su color, me sospechaba que su intención había sido desde el inicio ocultar verdadero color natural. Pero sus cejas eran oscuras. Cuando me dijo su apellido, en cambio, asumí que era un seudónimo inspirado por J.K. Huysmans; pero al buscar información sobre ella, aunque escasa, la que encontré me confirmó su apellido familiar. Me extrañaba, dadas sus actividades subversivas, que no se preocupara por ocultar su identidad, y así se lo planteé.

—No estamos en una historieta —repuso—; en estos días es casi imposible ocultar la identidad de ciertas personas y organizaciones. Pero no hay riesgo real para nadie.

En el asiento al lado de ella, sin dejar de mirar su celular, Tamara Drew carraspeó.

Marietta miró con una sonrisa torcida a la chica rubia, de cabello muy corto, que había venido con ella. Desde hacía más de medio año, había acogido a Tamara como su compañera en muchas de sus actividades y, sobre todo, como aprendiza en las Usanzas del linaje de Stregoneria o Brujería italiana al cual pertenecía su familia; Tammy era a su vez heredera de otro linaje notable, de la familia Drew de los Apalaches, al cual había pertenecido el renombrado investigador paranormal, el Dr. Desmond Drew. Pero a la par de su praxis personal de Brujería neopagana, Tammy seguía los pasos de otra antepasada suya que había sido inmortalizada en la cultura popular: la detective Nancy Drew, cuyas aventuras en los años 1930s habían sido novelizadas por Carolyn Keene, así como Will Eisner había sido cronista del Dr. Desmond Drew (1).

—Tú te encuentras segura en ese sentido —le aseguró Marietta—. Por eso hay algunas cosas que hago por mi cuenta; pero el tipo de personas a quienes les interesaría pararme, no son mafias, hacen las cosas de manera directa. Yo les intereso, tú no.

—Ahora resulta que no intereso —repuso Tamara, dejando el celular sobre la mesa; aunque era obvio que no lo decía en serio, sólo era un sarcasmo casual.

—Nada te hace feliz.

—Hablando de mafias —interrumpí—, en este país sí tenemos su equivalente. ¿Se puede saber qué vinieron a hacer, o tampoco es seguro decirlo?

Marietta asumió una actitud más seria.

—Ahora mismo tu ciudad tiene un problema grave con el suministro de agua.

—Sí, aguas negras mezcladas con el agua de uso diario. Y están cargadas con mercurio, plomo y metales pesados. El director del SIAPA (2) no ha dado la cara… —me interrumpí al pensar en ello— ¿No estás diciendo que…?

—De nuevo, hay cosas que es mejor no decir. Tal vez más delante.

Me quedé pensando en ello, sacudí la cabeza y pregunté:

—Entonces, me decías que estamos esperando a alguien.

—Llegó hace un par de minutos, está pidiendo una bebida —dijo Tammy, y señaló hacia la barra del café. Volteé, y reconocí de inmediato a la chica que se hallaba de espaldas a nosotros, hablando con una mesera; de piel cobriza, cabello corto y negro algo erizado, jeans, un top negro y una larga bufanda morada a pesar del calor—. Me parece que anticipó lo lento que está el servicio ahora que el personal está distraído con un programa sobre el Mundial en televisión —añadió Tammy—. Por lo menos tienen el sonido bajo.

En un momento, Jenny Everywhere se volvió y se aproximó sonriente a nuestra mesa.

—¡Hola! —saludó a Marietta con un abrazo, y a mí con un gesto, mientras Marietta la presentaba con Tammy—. ¿No vino Viveros?

Se refería a mi amigo y colega escritor Héctor Viveros; ambos la habíamos conocido casi un año atrás (3).

—Tenía otro compromiso —expliqué.

Jenny tomó asiento, y empezó a hurgar en su bolso; extrajo un papel doblado varias veces, y se lo tendió a Marietta.

—Aquí está lo prometido —dijo. Procedió a explicar que aquel joven periodista belga a quien habían conocido en Missouri un año atrás (4) le había pedido que se lo entregara a ella, cuando supo que la vería aquí. Marietta lo extendió sobre la mesa: era un mapa; en él estaba representada a detalle una isla. Tamara y yo nos inclinamos a mirar también, y noté el nombre del sitio, escrito en un extremo: Lamb Island. Esto me sorprendió.

La Isla Lamb, una pequeña isla privada cuyo propietario, el famoso psíquico Ari Heller, había convertido en una nación simbólica, cuya ciudadanía nominal podía ser adquirida, en forma de diploma, con los fondos recabados dirigidos a varias beneficiencias. ¿Por qué lo necesitaba Lady Satán?

—¿Qué planean hacer en la isla? —pregunté—. ¿Eso sí se puede saber?

—La Isla Lamb es privada, y pertenece a Ari Heller —dijo; caí en cuenta en que yo no había mencionado que lo sabía, pero no quise interrumpir uno de los raros momentos comunicativos de Marietta. Su acento francés era casi imperceptible—. Sí lo conoces, ¿verdad? El psíquico que se hizo famoso en los años 1970s y que convirtió en su sello personal doblar cucharas con telequinesis, incluso a través de una transmisión de televisión en vivo.

—Lo recuerdo —dije—. Todavía conservo una cuchara que se retorció cuando mi madre y mi abuela lo vieron en la televisión mexicana.

—Hace meses —prosiguió Marietta—, cuando empezó la guerra contra Irán, Heller la ofreció a Ronald Drumpf para que estableciera en ella una base para su fuerza de ataque aéreo contra los iraníes.

—Es lo contrario a lo que él decía que quería en su isla —señaló Tammy, sacudiendo la cabeza—. La presentaba como un “país” simbólico de armonía para toda la humanidad. Qué bueno que no se concretó esa propuesta.

—No se concretó, hasta donde se sabe —corrigió Marietta. La miré sorprendido.

—¿Entonces se hizo algo en secreto…?

—Eso es lo que pretendemos averiguar.

—¿Qué onda con estos tipos ricos y sus islas privadas? —se quejó Jenny—. No me ofrezco a acompañarlas; ya tuve suficiente de islas con la visita a la isla Eppenstein hace unas semanas (5).

Mi mirada se desvió hacia el poemario de Arturo Accio sobre la mesa, e iba a hacer un tonto comentario humorístico, pero enmudecí al mirar a Jenny. Su rostro se mostró perturbado por el recuerdo de alguna experiencia sufrida allí. Por lo que sabía de ella, debía estar acostumbrada a muchas cosas; pero esa isla había sido escenario de algunas de las acciones más terribles. Mi imaginación intentó adivinar lo que pudieron haber hallado, y bloqueé esos pensamientos lo mejor que pude.

—Nos las arreglaremos —dijo Marietta.

—¿Y qué más he hecho Heller? —preguntó Jenny—. ¿Sigue apoyando psíquicamente a Drumpf?

—Parece que en ocasiones visita a las tropas de Israel para darles ánimos —contestó Tammy. Jenny la miró extrañada.

—¿Israel?

—Ari vive en Jerusalén —explicó Tammy—; por eso su oposición radical hacia Palestina.

—Obviamente, apoya a Drumpf no por ser pro—Estados Unidos —añadí—, sino porque Drumpf ha estado apoyando los intereses de Israel. Ha sido el único presidente que cedió a la insistencia de Neshayahu en que Norteamérica los apoye en su guerra. No puedo creer que muchos en Israel apoyan la alianza con un régimen que cuenta con todo el respaldo y participación de sus movimientos neonazis. Eso sí es pactar con el diablo, en el sentido popular.

—Y es sólo gracias a eso que nos encontramos ahora en la Tercera Guerra Mundial —completó Jenny, cruzándose de brazos y echándose atrás. Justo entonces, la mesera colocó frente a ella un latte y un pan tostado, y su rostro se iluminó.

Yo seguía el Facebook de Ari Heller desde hacía varios años; de hecho, había solicitado ciudadanía en su isla ya que me agradaba su proyecto, pero había renunciado a la misma luego de ver el video en que Heller ofrecía la isla para las tropas de Drumpf. Tomé mi celular y me asomé a mirar su perfil. No me esperaba encontrar una mención directa de México recién posteada por él.


—Ahora sí se pasó —dije. Me miraron con curiosidad, pero me quedé unos segundos leyendo, hasta que Jenny me dio un codazo suave; entonces dije—: Estoy viendo el post que acaba de hacer Ari hace un par de horas. Puso una fotografía suya con una calavera de cristal en las manos, como la que se dice que tenían Pancho Villa y Ambrose Bierce (6). Y dice… —empecé a leer en voz alta el post—: “Amigos, ¡le voy a otorgar al equipo de Inglaterra el máximo poder para vencer al de México el próximo lunes! ¡Esto lo haré con la ayuda de una antigua calavera mexicana de cristal! Hace muchos años que conservo esta reliquia, que bien podría ser de origen extraterrestre, desde que la descubrí telepáticamente, oculta en una pirámide maya” —en este punto, hice una pausa en la lectura y señalé—: Por cierto que hace unos años, ya había posteado fotografías de esa calavera; en esa ocasión no dijo nada de haberla “encontrado telepáticamente”; aseguró que el presidente mexicano López Portillo se la había obsequiado, y que le había dicho que la hallaron en alguna pirámide (7). Esta vez está alterando su versión para meterle drama. Sigo leyendo: “Me propongo hacer uso de la energía sobrenatural que contiene para llevar a Inglaterra a los cuartos de final. Claro, no hago milagros ni soy profeta, ¡pero haré todo que esté en mis manos! Pero deben saber que ya hay conspiraciones en marcha para sabotear al equipo de Inglaterra: los cárteles mexicanos han hecho apuestas de miles de millones al triunfo de México y no se detendrán ante nada, ni siquiera ante la violencia. Incluso están intentando cambiar el inicio del partido al mediodía, ¡en plena temporada de calor! El sabotaje ya comenzó. He percibido que los aficionados mexicanos, incluso algunos periodistas, buscan perturbar los preparativos de Inglaterra. Esperan hacer pública la ubicación del hotel donde se hospedan los jugadores para que los aficionados mexicanos puedan hacer fiesta toda la noche, haciendo imposible que duerman y descansen la noche previa al juego. Aunque no lo crean, tengo pasaporte mexicano y ¡fui agente secreto federal mexicano para el presidente López Portillo, quien me otorgó nacionalidad mexicana!”aquí etiqueta al director de la Selección de Inglaterra —aclaré—. “¡Yo sé de lo que hablo! ¡No corran ningún riesgo! Refuercen las medidas de seguridad para los jugadores y despidan de inmediato a todos los guardaespaldas mexicanos. Y no confíen en la comida, ¡no vaya a estar envenenada! Traigan sus propios alimentos”.

—Wow —dijo Jenny.

—¡Pero qué descaro! —exclamó Tamara— ¿Recomienda despedir a los guardaespaldas mexicanos de un día para otro? Puede dejar sin empleo a gente inocente por su paranoia. ¿Me dejas ver eso? —puse mi celular en su mano.

—Bueno, es psíquico —Jenny se encogió de hombros—. Y seguro que los narcos son aficionados.

—Habría sucedido muchas veces antes si hicieran ese tipo de cosas —señalé—. Pero él está hablando de su intención real de intervenir en los resultados por medios mágicos; simplemente está asumiendo que si él es capaz de eso, los cárteles también pueden intentarlo a su manera.

—Es psíquico, no mago —me corrigió Marietta—. Como sea, hay que poner esto en contexto. Heller es una celebridad; su opinión tiene peso. Y como alguien que ha apoyado públicamente al régimen racista de Drumpf, lo que dice es un desprestigio hacia los mexicanos, y pretende sustentarlo no sólo con sus “presentimientos” sino con su conocimiento personal de México. Si él tampoco ha hecho esto, digamos, en el Mundial anterior, entonces no puede ser casual que lo haga justo ahora, cuando MAGA ha cobrado fuerza y Drumpf ha estado amenazando con intervenir militarmente en México, utilizando a los cárteles como justificación.

—Es magia lo que dice que hará al valerse del cráneo… —insistí, pero me interrumpí— ¿Qué estás haciendo? —Tammy tecleaba algo en mi celular. Me lo devolvió con una sonrisa de satisfacción. Miré la pantalla: acababa de responder al post de Ari Heller, con las palabras: “Marietta Dice” y una imagen, una copia coloreada del retrato de Lady Satán que yo había dibujado el año anterior, al que le había añadido el texto, “¡Éntrale p**ra!”— ¡Oye! —protesté— Pero esto es desde mi cuenta!

Tammy se encogió de hombros.

—Ari se lo buscó; a ver de a cómo nos toca.


Marietta miró lo que Tammy había puesto, y alzó una ceja.

—No tenías por qué poner mi nombre de pila —dijo—. Como sea, tenemos cosas más importantes que un partido de futbol.

Tammy la miró sin abandonar su actitud algo fanfarrona.

—Míralo de esta forma —dijo—. Como dice Jenny, Ari es psíquico; si sus sentidos le advierten acerca de ti, ahora pensará que sólo vas a contrarrestar su influencia en el partido, y no sospechará que estaremos a su isla. Además, admítelo, ¿no se merece que le estropeemos su intento de meter la cuchara en el campeonato?

Marietta inclinó la cabeza, con una expresión que mostraba cómo Tammy la había impresionado.

—No puedo discutir eso —concedió—. Pero de todas formas nuestra prioridad es la isla. El contrahechizo para el partido te lo dejo a ti, aunque sabes que te apoyo.

—Va a ser pesado —señalé—. El truco de Ari siempre ha radicado en manipular las creencias del público. Le decía a la gente: “Coloquen una cuchara frente a su televisor; ahora concéntrense en mí, y doblaré la cuchara”; y la cuchara a veces se doblaba. Hacía que la gente se concentrara; habría muchos psíquicos viendo una transmisión nacional. Ellos mismos doblaban la cuchara, y Ari se quedaba con el crédito. En este caso, tendrá a todos sus fans creyendo en su poder, poniendo su fe en su trabajo con el cráneo; y seguramente cuenta con que muchos mexicanos, en particular algunos jugadores, duden porque temen que sus poderes sean eficaces.

—Por eso mismo puse la imagen con el retrato de Mari —repuso Tamara—. Así, saben que Lady Satán se opondrá a Ari, y la visualizarán como en ese dibujo; el lunes vamos a trabajar usando el dibujo como punto focal —guiñó un ojo—. Dos pueden jugar el mismo juego. ¿No querrá apoyarnos tu coven? —me preguntó de repente— Creo que tienen un punto de ventaja en este caso…

Yo no tenía mucho interés en apoyar a un equipo deportivo, pero escuché su argumento, y era sensato. De momento lo omito; como dijo Marietta, hay cosas que es mejor no contar… todavía.

—Debiste poner “Lady Satán” y no Marietta —apoyó Jenny la observación previa de ésta.

—Así no ahuyentamos a quienes se podrían asustar con lo de “Satán” —de nuevo, no tuvimos argumentos para refutarla. A sus dieciocho años, Tammy tenía una comprensión notable de la magia y de la parapsicología; Marietta no podía haberle enseñado tanto en unos meses. Comprendí por qué su agilidad mental era tan propicia para el ámbito detectivesco en el que se proponía hacer una carrera.

—Pues entonces —dijo Jenny, tras acabarse su segunda rebanada de pan tostado—, ¿supongo que veremos ese asunto del agua potable de la ciudad esta noche? Ya sé que te gusta hacer todo de noche.

Marietta se quitó las gafas rojas para limpiarlas, y sonrió.

—Siempre.

La conversación siguió otros rumbos, pero en el fondo, me quedé pensando en la cuestión. La Copa Mundial no me podía interesar menos; pero bajo estas circunstancias, por primera vez esperaba que México lograra el triunfo en el juego del lunes. Estos eran tiempos extraños…

 

Créditos

 

“La amenaza de la calavera de cristal” Copyright © 2026 Luis G. Abbadie. Debe ser reproducida siempre acreditando al autor.

Tamara Drew es creación original de Luis G. Abbadie, y apareció por primera vez en Nancy y el misterio del grimorio. Siete pasos hacia el Abismo (Tubal Albainn, 2026).

Lady Satán, publicada originalmente en Dynamic Comics 2 (1941) y 3 (1942) y en Red Seal Comics 17 (1946) y subsecuentes, su versión más conocida fue creada por George Tuska; es del dominio público debido a singularidades legales.

El personaje Jenny Everywhere está disponible para su uso por cualquier persona, con una sola condición: este párrafo debe incluirse en cualquier publicación que involucre a Jenny Everywhere, para que otros puedan utilizar esta propiedad como deseen. Todos los derechos revertidos.

Ari Heller fue creado por Gonzalo Martré y Víctor Cruz en “La sobrenatural estatua de oro”, historia publicada en Fantomas la Amenaza Elegante 2—265 (1976); es retomado aquí a manera de homenaje a las obras de sus creadores.

Los Héroes Convocables es una serie de relatos que retoman a personajes clásicos de dominio público, huérfanos o con derechos liberados, para traerlos a enfrentar los desafíos del mundo actual.

Esta es una obra de ficción, en ella cualquier semejanza con personajes y situaciones reales se sujeta a las normas de la parodia, y no pretende en ningún momento constituir una representación fidedigna de la realidad.

No es el fin...



1) Tamara conoció a Marietta en Nancy y el misterio del grimorio.

2) Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado.

3) En “Intermedio 3.5”.

4) El periodista es Tintín, y esto ocurrió en El collar de Milú - un misterio en tres centurias.

5) En Las Muchas Vidas de Octobriana: Tercera Guerra Mundial.

6) El vínculo entre ambos se explica en El último relato de Ambrose Bierce.

7) En un post del 26 de agosto de 2023.