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—No hemos concluido aquí, y Mari se fue sin mí —dijo
Tamara Drew mientras caminábamos por el Parque de la Revolución, el mal llamado
pero ya generalizado “Parque Rojo”. Me había llamado el domingo por la tarde,
de improviso, y propuso encontrarnos allí. Justo le había preguntado por qué, en
esta ocasión, su maestra y compañera, Marietta Là—bas, no había venido con
ella. Estaba enojada, de eso no me cabía duda.
—¿Marietta te dejó sin avisar? —intentaba comprender
la situación.
—Todo lo que habíamos planeado se alteró. Íbamos a
avanzar en lo posible con la investigación del problema del suministro de agua
en Guadalajara, y luego nos marcharíamos las tres a la Isla de Lamb. Pero
hicimos mal los cálculos.
Al decir “las tres”, se refería a la chica que se
les había unido para su empresa, Jenny Everywhere, la misma que me había puesto
en contacto con Marietta casi un año atrás. No dije nada; me pareció que lo
mejor que podía hacer era escucharla. Ella prosiguió sin poner atención a mi
falta de respuesta.
—Yo me encargué de rastrear algunos registros,
mientras Mari interrogaba a algunos de los involucrados, los que habían sido
asignados a las labores de mantenimiento del sistema de alcantarillado —me miró
de reojo—. Ella es más eficaz que yo en los interrogatorios, no lo voy a negar.
Comprendía muy bien la afirmación de Tamara. Yo
compartía con Marietta el interés en las ciencias ocultas y la Brujería de
Cerco, pero ahora sabía que ella utilizaba sus considerables recursos —que no
se limitaban a lo metafísico— en una lucha proactiva por aquellas causas que
consideraba merecedoras de ello, utilizando en esos casos su nombre de oficio o
nombre mágico, Lady Satán; por eso estaba aquí. En el último mes, el suministro
de agua de la ciudad había sido contaminado de manera alarmante; por varios
días, el agua que brotaba de cualquier grifo tenía el aspecto y la fetidez de
las aguas negras del drenaje. Esto había aminorado, pero el agua todavía tenía
un matiz marrón en varias zonas de la ciudad; además de heces fecales se habían
detectado en el agua plomo, mercurio y otros metales pesados. Las autoridades
advertían que no debía ser utilizada ni siquiera para lavarse los dientes,
mucho menos para beber, y recomendaban comunicarse a una línea de emergencia en
caso de sufrir enfermedades digestivas. Pero no parecía que hubiese una
solución muy pronto; el gobierno se limitaba a recomendar el uso de agua
embotellada mientras tanto, y lo peor era que algunos políticos pretendían
abiertamente chantajear a los ciudadanos, al declarar que no apoyarían ninguna
iniciativa de resolución hasta no ver a su partido favorecido en las próximas
elecciones.
—Las cosas se complicaron —prosiguió Tamara—.
Alguien me siguió pretendiendo intimidarme; mientras tanto, Marietta y Jenny empezaron
a explorar los subterráneos que conectan con el drenaje, y se topó… pero bueno,
a lo que iba es que mientras me encontraba en los archivos del SIAPA (1),
escuché la radio que tenían encendida los empleados, y me di cuenta de nuestro
error —agitó la mano con frustración—. Cuando platicamos contigo la otra tarde,
fue cuando propuse a Marietta que hiciéramos una operación mágica para
contrarrestar la que Ari Heller se proponía realizar para provocar que el
equipo de soccer de Inglaterra venciera al de México. La idea original era
aprovechar la distracción de Ari con el juego para visitar su isla privada a
escondidas y explorarla; pero en mi opinión, podíamos hacer esto y también
anular su influencia.
—Sí, recuerdo eso —nos aproximamos a una banca de
concreto, y la señalé; nos sentamos allí a hablar.
—Pero estábamos con la idea de que el partido México—Inglaterra
sería el lunes. ¡Y no es así, es hoy! —la miré sorprendido; entonces empecé a
comprender.
—El cambio de horario…
—Así es —asintió con la cabeza, apretando los labios—.
Marietta es francesa, y habíamos visto la nota sobre el partido en Le Monde. Y más tarde, cuando vimos ese
video de Ari Heller mientras estábamos en el café, Ari también habló del
“partido del lunes”; ¡claro, él vive en Israel! Pero en Jerusalén y en Francia,
ahora mismo ya es la madrugada del lunes.
“Me comuniqué con Mari y con Jenny en cuanto pude,
pero tardé más de una hora. Tuvieron problemas allá abajo —me miró de manera
extraña—. ¿Sabías que hay toda una red de túneles allí abajo?
Asentí, y supongo que mi falta de reacción al
respecto la sorprendió, pues me miró con desconcierto.
—Siempre ha sido una leyenda urbana, pero en varios
sitios todavía existen entradas, o bien han sido hallados por accidente durante
alguna excavación. Hay más de un sistema de túneles; el más conocido fue hecho
durante la Guerra Cristera, y son seis túneles que convergen en la Catedral.
Pero también están algunos hechos durante las fugas de presos de la antigua
penal, que se encontraba aquí mismo donde estamos ahora, en el terreno del
parque —señalé alrededor—. Lo que muy pocos saben es que hay algunos túneles
más antiguos aún, que parecen remontarse a la época prehispánica, a la ciudad
que se encontraba aquí mismo; algo que los arqueólogos no han podido corroborar
porque varios empresarios hicieron un acuerdo desde los años 1980s para ocultar
la presencia de vestigios en sus propiedades; los estúpidos creían que les
confiscarían las tierras y perderían sus empresas si lo divulgaban, pues nunca
se molestaron en conocer la legislación pertinente.
“Pero bueno, todas estas redes de túneles se
encuentran conectadas; o mejor dicho, lo estuvieron, pues a estas alturas sólo
quedan secciones dispersas y semidestruidas por las reformas de la ciudad. Mi
abuelo tenía un plano de los túneles, que por desgracia ya no existe, fue
robado cuando murió.
Tamara me escuchó intrigada; entonces retomó la
palabra.
—Pues una de esas partes que se conservan debe ser
la que encontraron Mari y Jenny. Uno de los capataces que interrogaron les
habló de un plano que le había mostrado su superior; pero no de toda una red de
túneles como el que dices, sólo de unos pasajes que se encuentran bajo una
colonia. Se conectan con el drenaje en dos sitios; uno de ellos está tapiado.
El otro, el capataz había recibido orden de reabrirlo y colocar una puerta con
cerradura electrónica en él.
—Espera, ¿cerradura electrónica? ¿Y en qué colonia
es esto?
—No recuerdo el nombre —se encogió de hombros, y
reprimí mi frustración—. Pero esto fue previo al cierre y redirección de uno de
los ductos de drenaje, causa de la contaminación del suministro. Un ducto
distinto del drenaje principal; y aparentemente se conecta en algún sitio con
esos túneles adyacentes.
—También es común eso —añadí—. Varias secciones de
túneles se encuentran invadidas de aguas negras.
—Pero no todas tendrán contaminantes tan concretos —señaló,
y le di la razón—. Y eso se complementa con lo que yo encontré; los metales que
fueron detectados en el agua abundan en el subsuelo en ciertas zonas concretas
de la ciudad. En fin, ese asunto de la cerradura también les extrañó, y fueron
a investigar qué había allí que mereciera resguardarse a puerta cerrada.
_____
La furgoneta se detuvo en la entrada de una casona
de la colonia Moderna; Marietta se apeó del asiento del conductor. Con su
habitual vestido rojo, y una larga capa de igual color, la sombra de unos
grandes eucaliptos que crecían en la acera oscureció su figura. Jenny
Everywhere salió del lado opuesto, en fuerte contraste con su ropa casual y
juvenil, y su infaltable bufanda. En sus manos traía una barra de hierro. Se
dirigieron a las puertas traseras del vehículo, y Jenny las abrió, mientras
Marietta extraía de algún sitio una pistola. El hombre que se hallaba allí,
sentado, con las manos atadas en su espalda, les dirigió una mirada recelosa.
—Baja —ordenó Marietta. Él obedeció lo mejor que
pudo. Lo siguieron a través del cancel de la casona, la cual había asegurado
que se encontraba vacía, y atravesaron el jardín hasta llegar a la parte
trasera. Allí, señaló con la cabeza una alcantarilla en el suelo, circundada de
pasto.
—Esa es —dijo. Jenny se valió de la barra para
levantarla, y la arrastró hasta dejar el hueco descubierto. Mientras tanto,
Marietta exploró el jardín con la mirada. Había unos peldaños que conducían a
una puerta trasera, con un barandal de hierro pintado de blanco. Asintió con la
cabeza, y empujó al hombre hasta allí; entonces usó la cinta para tubería para
sujetar sus brazos a las barras del barandal. Luego cubrió su boca con un par
de vueltas de la cinta, y se reunió con Jenny.
—Vamos entonces —Jenny ya empezaba a descender;
había una escalerilla en el muro. Una vez abajo, encendió la linterna de su
celular. Marietta se le unió enseguida, y encendió una pequeña linterna de mano.
Se encontraban en mitad de un túnel de drenaje; la pestilencia era fuerte pero
no parecía preocupante. Caminaron por la banqueta de concreto que pasaba junto
a un pequeño riachuelo de aguas negras, en la dirección que el capataz les
había indicado. El túnel trazaba una amplia curva —más vale que esto valga la
pena— murmuró Jenny. Unos doscientos metros más adelante, se encontraron con un
entronque, y lo siguieron; allí no había ninguna banqueta, pero las aguas
inmundas eran apenas un hilillo en el centro del suelo. Caminaron un trecho, y
la luz de Jenny, que iba delante, alumbró una superficie de madera en el muro:
una puerta. Se aproximaron, y Marietta se inclinó para estudiar una cerradura
claramente nueva, de diseño cromado y moderno, con sólo cinco botones rojos.
Era muy reciente, y no parecía haber residuos de uso que sugiriesen la posible
secuencia de apertura. Estaba a punto de mencionarlo cuando se interrumpió al
ver que se encontraba sola.
—¿Jenny? —recorrió el túnel con la linterna; no
estaba a la vista. Entonces escuchó ruido metálico del otro lado de la puerta.
Retrocedió unos pasos y extrajo su pistola como precaución, pero ya sospechaba
lo que estaba pasando. En efecto, la puerta se abrió de inmediato, y Jenny se
encontraba del otro lado. Ya le había dicho que ese era un truco que utilizaba
en ocasiones. Marietta sacudió la cabeza— Debiste avisarme —le reprochó,
mientras cruzaba la puerta.
Mientras recorría el sitio con su linterna, Jenny
hizo lo mismo con el muro a ambos lados de la entrada, localizó un interruptor
y lo accionó. Unas luces de neón se encendieron en el techo de piedra.
—Mucho mejor —declaró Jenny, y ambas observaron lo
que las luces revelaban.
Eran unos tanques voluminosos, con la marca
distintiva que identificaba sus contenidos como materiales tóxicos.
—Esto no debería estar aquí —dijo Jenny, acercándose
a revisar un par de cajas de cartón junto al muro; ambas estaban vacías.
Marietta se dirigió hacia los tanques, al notar una hoja de papel pegada con
cinta a uno de ellos. Solo tenía tres líneas de texto, con unos códigos de
letras y cifras. Tiró de un extremo de la cinta para retirarla y tomar el
papel, e hizo presión contra el tanque con la otra mano; se sorprendió al
sentir que el tanque se movía.
—¡Están vacíos! —dijo Marietta, comprobando los
otros. Luego regresó al primero y se hizo con el papel. Jenny se aproximó a
mirarlo.
—Habrá que saber qué son esos códigos —dijo—. ¿Qué
es esto?
Al pie de la hoja había un símbolo, una especie de
logotipo encerrado en un círculo; parecía una mano con dedos muy largos
flexionados.
—Estos tanques no indican nada bueno —dijo Marietta—.
Esto confirma lo que pensábamos: la contaminación del agua debió ser
deliberada.
—Vámonos —propuso Jenny—. O espérame aquí, si
quieres. Traeré a Laura para que nos diga lo que contenían los tanques.
Marietta optó por la segunda opción; continuó
hurgando en el sitio mientras, a sus espaldas, aquel suave sonido shffft le advertía que Jenny había
shifteado; se había marchado en busca de su amiga. Así era como había entrado a
la cámara cerrada, sólo que Marietta había estado demasiado concentrada y no se
fijó en el sonido. Al fin encontró lo que le molestaba: ¡aquellos tanques no
habrían cabido por la puerta de acceso! Tenía que haber otra entrada. Pero los
muros eran todos piedra, ladrillo y cemento. Aun valiéndose de su linterna, no
encontró nada; no había marcas que pudiesen ser los bordes de alguna puerta
oculta. Frustrada, empezó a revisar el suelo, también sin éxito. Entonces se le
ocurrió mirar hacia arriba: allí estaba, una compuerta de madera, cuadrada, con
cada lado de metro y medio. Se encaramó como pudo encima de uno de los tanques,
en un equilibrio precario para que éste no se volcara; desde allí, alcanzaba la
compuerta, aun cuando tenía que permanecer con una rodilla sobre el tanque.
Entonces empujó, y para su sorpresa, no estaba asegurada; la pesada compuerta
se abrió sobre su cabeza y hombros. Por fortuna el grosor del tanque hacía que
soportara su peso sin problema. Allí arriba había luz; y era eléctrica, no luz
exterior. Miró alrededor y se sobresaltó cuando su mirada se cruzó con la de un
hombre con cabeza rasurada que la miraba perplejo, de pie a unos metros de
distancia. Marietta se agachó de nuevo, dejando que la compuerta se cerrara de
golpe, y su mano buscó instintivamente su pistola; mas el movimiento brusco
hizo que perdiera el equilibrio; el tanque se volcó, y ella rodó por el suelo. La
pistola escapó de su mano.
Se enderezó mientras veía cómo la compuerta se
abría; buscó ansiosa su arma, pero no la veía por ninguna parte. No podía haberse
deslizado tan lejos, ¿o sí?
Mientras se incorporaba, la localizó a un lado del
tanque caído, a un par de metros. Vio movimiento en la compuerta, pero se
enfocó en la pistola; necesitaba recuperarla. Saltó, echándose al suelo, con el
brazo extendido, y sus dedos sujetaron el cañón mientras los pies del hombre
caían en el suelo a menos de un metro de ella; maniobró la pistola para
sujetarla debidamente al tiempo que rodaba sobre sus espaldas lista para
encañonar al desconocido, pero éste propinó una patada que impactó
dolorosamente en su mano, haciendo saltar el arma una vez más.
La mano del hombre sujetó algo en su cintura;
seguramente traía su propia arma. Ir por la suya no era opción. Lady Satán giró
otra vez boca abajo, apoyando su palma en el suelo, y pateó con fuerza a su
agresor en el tobillo. El hombre cayó de bruces junto a ella, y su revólver se
disparó al aire, en dirección opuesta, al caer con la mano que recién extraía
la pistola entre su abdomen y el suelo. Ella apartó la mano del suelo, flexionó
los dedos, no en puño sino manteniendo rectas las primeras falanges de cada
dedo, y asestó un golpe con las articulaciones interfalángicas directo a la
sien del agresor. Éste aulló de dolor, y giró para apartarse; alzó la mano con
la pistola, pero ella no aguardó a ver si lo hacía como reflejo o con el fin de
usarla; cerró esa misma mano sobre la mano que sujetaba el arma, torciéndola
hacia él; si se movía rápido, podría colocarse sobre él.
La detonación la tomó por sorpresa. El grito del
hombre cesó de golpe, y acabó de voltear su tórax boca arriba, respirando
ruidosamente. Lady Satán no soltó su mano, pero sintió que dejaba de estar
tensa; lo despojó de la pistola sin encontrar resistencia, y miró su rostro.
Sus ojos muy abiertos no se enfocaban en nada; sus jadeos eran pausados, tomó
aliento, y quedó inmóvil. Únicamente la sangre continuaba brotando de la herida
de bala en su pecho.
Lady Satán se enderezó, sentada en el suelo, el
revólver colgando holgadamente de su mano. Suspiró, y permaneció así mientras
recuperaba el aliento.
No volteó cuando se produjo el familiar siseo; alzó
la mirada despacio, y vio a Jenny, perpleja, con otra chica no menos
sorprendida de pie a su lado, una pelirroja con gafas que vestía una bata de
laboratorio y traía consigo una abultada maleta. Esa debía ser Laura Drake, la
científica a quien Jenny se refería con frecuencia.
—¿Qué pasó aquí? —dijo Jenny— No te puedo dejar sola
un minuto.
Lady Satán descartó ese comentario con un ademán de
hastío.
_____
—Luego comparamos los códigos del papel que encontró
Marietta con los de los documentos que revisé —decía Tamara Drew—, y
encontramos que correspondían a los utilizados para clasificar los ductos de
suministro de agua.
—¿Y cuál era el símbolo en esa hoja?
—Olvidé mencionar que el hombre que atacó a Mari
tenía tatuado ese mismo símbolo en su muñeca. Mira —hurgó en su bolsillo,
extrajo su celular y me mostró una fotografía: tal como lo había descrito, se
trataba de una especie de mano alargada, estilizada, con dedos puntiagudos.
Una especie de garra.
—Laura Drake ya analizó una muestra de los
contenidos de los tanques. Coinciden en dos puntos con los elementos tóxicos
que contaminan el agua.
—¿Puestos deliberadamente? —dije, impactado.
—Nota que el documento no tiene el logo del SIAPA;
únicamente ese símbolo. Es alguien más.
—No me vas a decir ahora que el director del SIAPA
está libre de toda culpa —protesté.
—Claro que no. Pero hay varios intereses en juego.
Mira —extrajo de su bolsillo un plano de la red de alcantarillado, en este caso
era una fotocopia tomada de un libro. Había varios puntos señalados a mano—.
Mira, los túneles que exploraron las chicas se encuentran aquí; sabemos de
otros en este sitio. Pero hay dos sitios donde los conductos de aguas negras
fueron desviados y conectados al suministro de agua.
—Pero… eso es en ductos principales, ¡antes de
distribuirse por distintos sectores de la ciudad!
—Eso —Tamara me miró muy seria— tuvo que hacerse
como parte de las restauraciones hechas a lo largo del año. Quienquiera que ocultó
esos tanques, y que usa ese símbolo, coordinó sus acciones con estas
modificaciones.
“Pienso que contaminar el agua con desechos de
drenaje fue usado para encubrir la adición de compuestos aun más peligrosos, si
esto fuera posible.
—Más letal que las aguas negras es difícil de
imaginar.
—Considera el mercurio —el rostro de Tamara era
rígido, sombrío—. No es necesario ingerirlo; el contacto prolongado con la piel
es suficiente. Los efectos incluyen debilidad, falta de coordinación, ansiedad,
problemas de memoria, fallas en la vista y el oído; a los niños les puede
provocar enfermedades de la piel y reducir su proceso cognitivo. La cantidad no
será grande, pero aunque no consuman el agua, siguen bañándose con ella,
lavando la loza, su ropa de uso diario.
—¿Por qué iba a hacer eso el SIAPA?
—No creo que sean ellos; se trata de alguien más,
con mayor alcance. De su parte no creo que haya otra cosa que indolencia y
deseo de apropiarse de los recursos de la ciudad. Ellos mismos fueron
manipulados, aprovechando su codicia, su desinterés hacia el pueblo.
Tamara calló, y yo me encontraba tan absorto
asimilando lo que había dicho, que me tardé en percatarme de la forma en que me
miraba. Era curioso; una chica de apenas dieciocho años, cabello corto, vestida
con jeans y playera, que me miraba como si estuviera valorando hasta qué punto
podía contarme la verdad. Y así era; a final de cuentas apenas nos habíamos
conocido en persona, aun si existía un contacto previo con Marietta. Por fin,
retomó la palabra:
—No sé si hayas escuchado acerca de los planes de
control de sobrepoblación que tienen Allon Mushek y otros empresarios —dijo—.
En los Expedientes Eppenstein apareció una carta donde el millonario Will Bates
discutía con él cómo aprovechar una pandemia para forzar la implementación de
las compras digitales en condiciones de aislamiento masivo, y ya estaba Bates
almacenando suministros para un periodo de aislamiento inminente… en 2017.
—Sí, supe de eso.
Marietta se inclinó hacia adelante.
—Como dije, no creo que las razones para esto sean
otra cosa que irresponsabilidad y desviación de recursos —repuso—. En cuanto a
las razones directas por las que las
personas a cargo hicieron esto. Pero esta es una de las ciudades con mayor
índice de población en este país; la zona urbana casi alcanza los seis millones
de habitantes. Y los planes de eugenesia de ciertos individuos no incluyen a
los mexicanos como prioridad de supervivencia.
“Lo que pensamos es que hay una manipulación que se
ha llevado a cabo detrás de bambalinas. Las chicas de Oktyabr Samizdat (3) me
han hablado de alguien en particular que ha estado haciendo esto, a quien
algunos se refieren simplemente como la Garra. Encontraron indicios de él en la
Isla Eppenstein (3).
Creo que la Garra, sea quien sea, o lo que sea, está detrás de estos planes de
eugenesia.
—La Garra —repetí—. Sí, Jenny me había hablado de
esto. Y el símbolo que me mostraste, es
una garra.
—Dicho sea de paso —agregó—, no creo que sea
casualidad que el escenario temporal que Ronald Drumpf hizo montar frente a la
Casa Blanca fuera bautizado “la Garra”.
No supe qué responder; la coincidencia, en efecto,
era inquietante.
—Pero entonces, lo del agua…
—¿Con qué frecuencia has enfermado en las últimas
semanas? ¿Las personas que conoces?
Lo pensé un momento. Aunque algunos tomábamos
precauciones, en efecto había una abundancia de malestares digestivos sin
motivo claro en las dos semanas anteriores. La inercia hacía que nuestra
cautela fuese perezosa. Cuando era niño, existía una precaución generalizada
debido a que el agua no era limpia, pero no llegaba a tal grado; aun cuando se
sabía que no era potable, los bebederos públicos y escolares no provocaban daño
alguno. ¿Cuántas personas no estarían haciendo caso omiso? ¿Y si el no
ingerirla o lavar con agua embotellada no bastaba?
—Falta una hora para el partido —dijo Tamara,
mirando su celular—. Postea algo a esas horas por favor.
—¿Por qué? —ella sabía de mi absoluta falta de
interés en el juego.
—El comentario que puse en el post del Facebook de
Ari fue notado —repuso—. Mira con discreción; ese sujeto que está apoyado en el
muro a tu izquierda. Nos siguió por el parque. Te aseguro que es Mossad.
—Qué… —eso me sobresaltó—. Qué tiene que ver el
Mossad con el futbol?
Tamara se encogió de hombros.
—Bueno, también podrían ser CIA; pero le voy al
Mossad. Y no creo que sea culpa mía. Desde que publicaste la versión doblada
del video clip de Oktyabr Samizdat en tu canal de YouTube, donde muestran la
máscara de Neshayahu que encontraron en aquel estudio de grabación oculto bajo
la Colina del Templo en Jerusalén. Ellas grabaron parte de su video en ese
mismo túnel (4).
No es como si fueran discretas.
—Por eso le pedí a un amigo que le pusiera esos
filtros, para que el video pareciera IA —protesté.
—Pero ellas lo habían posteado en su canal en la
versión original, aunque se lo hayan bloqueado una y otra vez. Como sea, claro
que te van a estar observando; pero ahora más que nunca, ya que el mensaje a
Ari Heller de parte de Lady Satán llegó desde tu cuenta (5).
Por fortuna, la rastrearon a ella, y confirmaron que estaba aquí, que el
mensaje era de su parte.
—¿Por fortuna? Y otra vez, ¿qué pinta el Mossad en
esto? ¿Ari Geller tiene lazos con ellos?
—¡Sí! Heller no sólo vive en Jerusalén, ha hecho
visitas a las tropas que atacan Irán para darles motivación; seguramente
también les da apoyo psíquico.
Me eché hacia atrás en el asiento, preocupado. No me
gustaba que Tamara me hubiera arrastrado a algo semejante.
—Recuerda que la oposición contra Ari es nuestra
coartada —prosiguió Tamara, sin fijarse; se inclinó hacia mí y bajó más la voz—.
Ari cree que Mari está aquí en México, y que estará realizando una operación
mágica para bloquear su apoyo al equipo de Inglaterra. Pero no saben de Jenny;
ignoran que pueden llegar a la Isla de Lamb sin necesidad de pasar por el aeropuerto.
Por lo que ahora mismo voy a regresar a la casa que alquilamos, y sí, en caso
de que la percepción psíquica de Ari detecte el trabajo en su contra, detectará
la influencia de Mari, pues usaré su athame (6);
pero el trabajo de oposición lo haré yo sola —se rio con buen humor—.
Imagínate; ¡el psíquico más famoso del mundo en “guerra mágica” con una brujita
de dieciocho años que nunca ha hecho algo parecido antes!
“Ya en serio —añadió sin dejar de sonreír—, por lo
que sé, Ari es bueno en esto; ¡ya con
que México logre uno o dos goles contra Inglaterra, aunque no gane, me voy a
sentir que soy Selena Fox o Starhawk! (7) Aunque más bien será señal de que pensar en la oposición de Lady Satán puso
nervioso a Ari; y si se siente inseguro, es justo lo que puede hacer que
fracase. De todas maneras, estoy agotada; lo haré, sólo para que Ari detecte el
trabajo, pero creo que me dormiré antes que acabe el partido.
En el momento en que escribo estas líneas, el lector
ya conoce los resultados; Ari Heller, el gran psíquico, puede presumir de no
haber sido derrotado… no por Lady Satán, sino por una neófita que terminó por
hacer una operación mágica sin ánimos y con sueño. Me encontraba en contacto
con Tammy —hice un par de posts sobre la cuestión, para insistir en que Lady
Satán estaba en ello—, y sé que el único gol a favor de México fue justo a la
hora que ella concluía su conjuro. Toma eso, Heller.
Pero hasta el otro día habríamos de saber lo que
había ocurrido durante la incursión de Marietta y Jenny Everywhere en la isla
de Heller; habían encontrado muchas cosas inquietantes.
Concluirá
en la próxima entrega
“Aguas
turbias en Guadalajara — La amenaza de la calavera de cristal II” Copyright ©
2026 Luis G. Abbadie. Debe ser reproducida siempre acreditando al autor.
Tamara
Drew es creación original de Luis G. Abbadie, y apareció por primera vez en Nancy y el misterio del grimorio. Siete
pasos hacia el Abismo (Tubal Albainn, 2026).
Lady
Satán, publicada originalmente en Dynamic
Comics 2 (1941) y 3 (1942) y en Red
Seal Comics 17 (1946) y subsecuentes, su versión más conocida fue creada
por George Tuska; es del dominio público debido a singularidades legales.
El
personaje Jenny Everywhere está disponible para su uso por cualquier persona,
con una sola condición: este párrafo debe incluirse en cualquier publicación
que involucre a Jenny Everywhere, para que otros puedan utilizar esta propiedad
como deseen. Todos los derechos revertidos.
El
personaje Laura Drake fue creada por Jeanne Morningstar y puede ser utilizada
por cualquier persona sin atribución alguna. Todos los derechos revertidos.
Ari
Heller fue creado por Gonzalo Martré y Víctor Cruz en “La sobrenatural estatua
de oro”, historia publicada en Fantomas la Amenaza Elegante 2—265 (1976); es
retomado aquí a manera de homenaje a las obras de sus creadores.
La Garra
fue creado por Lev Gleason en Silver
Streak Comics 1 (1939), y es ahora del dominio público.
Los Héroes Convocables es una serie de relatos que
retoman a personajes clásicos de dominio público, huérfanos o con derechos
liberados, para traerlos a enfrentar los desafíos del mundo actual.
Esta es
una obra de ficción, en ella cualquier semejanza con personajes y situaciones
reales se sujeta a las normas de la parodia, y no pretende en ningún momento
constituir una representación fidedigna de la realidad.
2) El
grupo de rock ruso rebelde, formado íntegramente por mujeres y liderado por
Octobriana, que se opone al régimen.
3) Ver “Las muchas vidas de Octobriana. Tercera Guerra Mundial”
4) “Títeres del odio”.
5) En
realidad, fue publicado por Tamara; esto sucedió en la entrega anterior,
"La amenaza de la calavera de cristal".
6) Una daga de bruja consagrada.
7) Brujas contemporáneas prominentes, conocidas por defender causas sociales,
sobre todo Starhawk, promotora del activismo social y mágico.







