martes, 14 de julio de 2026

Aguas turbias en Guadalajara — La amenaza de la calavera de cristal II

 


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—No hemos concluido aquí, y Mari se fue sin mí —dijo Tamara Drew mientras caminábamos por el Parque de la Revolución, el mal llamado pero ya generalizado “Parque Rojo”. Me había llamado el domingo por la tarde, de improviso, y propuso encontrarnos allí. Justo le había preguntado por qué, en esta ocasión, su maestra y compañera, Marietta Là—bas, no había venido con ella. Estaba enojada, de eso no me cabía duda.

—¿Marietta te dejó sin avisar? —intentaba comprender la situación.

—Todo lo que habíamos planeado se alteró. Íbamos a avanzar en lo posible con la investigación del problema del suministro de agua en Guadalajara, y luego nos marcharíamos las tres a la Isla de Lamb. Pero hicimos mal los cálculos.

Al decir “las tres”, se refería a la chica que se les había unido para su empresa, Jenny Everywhere, la misma que me había puesto en contacto con Marietta casi un año atrás. No dije nada; me pareció que lo mejor que podía hacer era escucharla. Ella prosiguió sin poner atención a mi falta de respuesta.

—Yo me encargué de rastrear algunos registros, mientras Mari interrogaba a algunos de los involucrados, los que habían sido asignados a las labores de mantenimiento del sistema de alcantarillado —me miró de reojo—. Ella es más eficaz que yo en los interrogatorios, no lo voy a negar.

Comprendía muy bien la afirmación de Tamara. Yo compartía con Marietta el interés en las ciencias ocultas y la Brujería de Cerco, pero ahora sabía que ella utilizaba sus considerables recursos —que no se limitaban a lo metafísico— en una lucha proactiva por aquellas causas que consideraba merecedoras de ello, utilizando en esos casos su nombre de oficio o nombre mágico, Lady Satán; por eso estaba aquí. En el último mes, el suministro de agua de la ciudad había sido contaminado de manera alarmante; por varios días, el agua que brotaba de cualquier grifo tenía el aspecto y la fetidez de las aguas negras del drenaje. Esto había aminorado, pero el agua todavía tenía un matiz marrón en varias zonas de la ciudad; además de heces fecales se habían detectado en el agua plomo, mercurio y otros metales pesados. Las autoridades advertían que no debía ser utilizada ni siquiera para lavarse los dientes, mucho menos para beber, y recomendaban comunicarse a una línea de emergencia en caso de sufrir enfermedades digestivas. Pero no parecía que hubiese una solución muy pronto; el gobierno se limitaba a recomendar el uso de agua embotellada mientras tanto, y lo peor era que algunos políticos pretendían abiertamente chantajear a los ciudadanos, al declarar que no apoyarían ninguna iniciativa de resolución hasta no ver a su partido favorecido en las próximas elecciones.

—Las cosas se complicaron —prosiguió Tamara—. Alguien me siguió pretendiendo intimidarme; mientras tanto, Marietta y Jenny empezaron a explorar los subterráneos que conectan con el drenaje, y se topó… pero bueno, a lo que iba es que mientras me encontraba en los archivos del SIAPA (1), escuché la radio que tenían encendida los empleados, y me di cuenta de nuestro error —agitó la mano con frustración—. Cuando platicamos contigo la otra tarde, fue cuando propuse a Marietta que hiciéramos una operación mágica para contrarrestar la que Ari Heller se proponía realizar para provocar que el equipo de soccer de Inglaterra venciera al de México. La idea original era aprovechar la distracción de Ari con el juego para visitar su isla privada a escondidas y explorarla; pero en mi opinión, podíamos hacer esto y también anular su influencia.

—Sí, recuerdo eso —nos aproximamos a una banca de concreto, y la señalé; nos sentamos allí a hablar.

—Pero estábamos con la idea de que el partido México—Inglaterra sería el lunes. ¡Y no es así, es hoy! —la miré sorprendido; entonces empecé a comprender.

—El cambio de horario…

—Así es —asintió con la cabeza, apretando los labios—. Marietta es francesa, y habíamos visto la nota sobre el partido en Le Monde. Y más tarde, cuando vimos ese video de Ari Heller mientras estábamos en el café, Ari también habló del “partido del lunes”; ¡claro, él vive en Israel! Pero en Jerusalén y en Francia, ahora mismo ya es la madrugada del lunes.

“Me comuniqué con Mari y con Jenny en cuanto pude, pero tardé más de una hora. Tuvieron problemas allá abajo —me miró de manera extraña—. ¿Sabías que hay toda una red de túneles allí abajo?

Asentí, y supongo que mi falta de reacción al respecto la sorprendió, pues me miró con desconcierto.

—Siempre ha sido una leyenda urbana, pero en varios sitios todavía existen entradas, o bien han sido hallados por accidente durante alguna excavación. Hay más de un sistema de túneles; el más conocido fue hecho durante la Guerra Cristera, y son seis túneles que convergen en la Catedral. Pero también están algunos hechos durante las fugas de presos de la antigua penal, que se encontraba aquí mismo donde estamos ahora, en el terreno del parque —señalé alrededor—. Lo que muy pocos saben es que hay algunos túneles más antiguos aún, que parecen remontarse a la época prehispánica, a la ciudad que se encontraba aquí mismo; algo que los arqueólogos no han podido corroborar porque varios empresarios hicieron un acuerdo desde los años 1980s para ocultar la presencia de vestigios en sus propiedades; los estúpidos creían que les confiscarían las tierras y perderían sus empresas si lo divulgaban, pues nunca se molestaron en conocer la legislación pertinente.

“Pero bueno, todas estas redes de túneles se encuentran conectadas; o mejor dicho, lo estuvieron, pues a estas alturas sólo quedan secciones dispersas y semidestruidas por las reformas de la ciudad. Mi abuelo tenía un plano de los túneles, que por desgracia ya no existe, fue robado cuando murió.

Tamara me escuchó intrigada; entonces retomó la palabra.

—Pues una de esas partes que se conservan debe ser la que encontraron Mari y Jenny. Uno de los capataces que interrogaron les habló de un plano que le había mostrado su superior; pero no de toda una red de túneles como el que dices, sólo de unos pasajes que se encuentran bajo una colonia. Se conectan con el drenaje en dos sitios; uno de ellos está tapiado. El otro, el capataz había recibido orden de reabrirlo y colocar una puerta con cerradura electrónica en él.

—Espera, ¿cerradura electrónica? ¿Y en qué colonia es esto?

—No recuerdo el nombre —se encogió de hombros, y reprimí mi frustración—. Pero esto fue previo al cierre y redirección de uno de los ductos de drenaje, causa de la contaminación del suministro. Un ducto distinto del drenaje principal; y aparentemente se conecta en algún sitio con esos túneles adyacentes.

—También es común eso —añadí—. Varias secciones de túneles se encuentran invadidas de aguas negras.

—Pero no todas tendrán contaminantes tan concretos —señaló, y le di la razón—. Y eso se complementa con lo que yo encontré; los metales que fueron detectados en el agua abundan en el subsuelo en ciertas zonas concretas de la ciudad. En fin, ese asunto de la cerradura también les extrañó, y fueron a investigar qué había allí que mereciera resguardarse a puerta cerrada.

_____

 

La furgoneta se detuvo en la entrada de una casona de la colonia Moderna; Marietta se apeó del asiento del conductor. Con su habitual vestido rojo, y una larga capa de igual color, la sombra de unos grandes eucaliptos que crecían en la acera oscureció su figura. Jenny Everywhere salió del lado opuesto, en fuerte contraste con su ropa casual y juvenil, y su infaltable bufanda. En sus manos traía una barra de hierro. Se dirigieron a las puertas traseras del vehículo, y Jenny las abrió, mientras Marietta extraía de algún sitio una pistola. El hombre que se hallaba allí, sentado, con las manos atadas en su espalda, les dirigió una mirada recelosa.

—Baja —ordenó Marietta. Él obedeció lo mejor que pudo. Lo siguieron a través del cancel de la casona, la cual había asegurado que se encontraba vacía, y atravesaron el jardín hasta llegar a la parte trasera. Allí, señaló con la cabeza una alcantarilla en el suelo, circundada de pasto.

—Esa es —dijo. Jenny se valió de la barra para levantarla, y la arrastró hasta dejar el hueco descubierto. Mientras tanto, Marietta exploró el jardín con la mirada. Había unos peldaños que conducían a una puerta trasera, con un barandal de hierro pintado de blanco. Asintió con la cabeza, y empujó al hombre hasta allí; entonces usó la cinta para tubería para sujetar sus brazos a las barras del barandal. Luego cubrió su boca con un par de vueltas de la cinta, y se reunió con Jenny.

—Vamos entonces —Jenny ya empezaba a descender; había una escalerilla en el muro. Una vez abajo, encendió la linterna de su celular. Marietta se le unió enseguida, y encendió una pequeña linterna de mano. Se encontraban en mitad de un túnel de drenaje; la pestilencia era fuerte pero no parecía preocupante. Caminaron por la banqueta de concreto que pasaba junto a un pequeño riachuelo de aguas negras, en la dirección que el capataz les había indicado. El túnel trazaba una amplia curva —más vale que esto valga la pena— murmuró Jenny. Unos doscientos metros más adelante, se encontraron con un entronque, y lo siguieron; allí no había ninguna banqueta, pero las aguas inmundas eran apenas un hilillo en el centro del suelo. Caminaron un trecho, y la luz de Jenny, que iba delante, alumbró una superficie de madera en el muro: una puerta. Se aproximaron, y Marietta se inclinó para estudiar una cerradura claramente nueva, de diseño cromado y moderno, con sólo cinco botones rojos. Era muy reciente, y no parecía haber residuos de uso que sugiriesen la posible secuencia de apertura. Estaba a punto de mencionarlo cuando se interrumpió al ver que se encontraba sola.

—¿Jenny? —recorrió el túnel con la linterna; no estaba a la vista. Entonces escuchó ruido metálico del otro lado de la puerta. Retrocedió unos pasos y extrajo su pistola como precaución, pero ya sospechaba lo que estaba pasando. En efecto, la puerta se abrió de inmediato, y Jenny se encontraba del otro lado. Ya le había dicho que ese era un truco que utilizaba en ocasiones. Marietta sacudió la cabeza— Debiste avisarme —le reprochó, mientras cruzaba la puerta.

Mientras recorría el sitio con su linterna, Jenny hizo lo mismo con el muro a ambos lados de la entrada, localizó un interruptor y lo accionó. Unas luces de neón se encendieron en el techo de piedra.

—Mucho mejor —declaró Jenny, y ambas observaron lo que las luces revelaban.

Eran unos tanques voluminosos, con la marca distintiva que identificaba sus contenidos como materiales tóxicos.

—Esto no debería estar aquí —dijo Jenny, acercándose a revisar un par de cajas de cartón junto al muro; ambas estaban vacías. Marietta se dirigió hacia los tanques, al notar una hoja de papel pegada con cinta a uno de ellos. Solo tenía tres líneas de texto, con unos códigos de letras y cifras. Tiró de un extremo de la cinta para retirarla y tomar el papel, e hizo presión contra el tanque con la otra mano; se sorprendió al sentir que el tanque se movía.

—¡Están vacíos! —dijo Marietta, comprobando los otros. Luego regresó al primero y se hizo con el papel. Jenny se aproximó a mirarlo.

—Habrá que saber qué son esos códigos —dijo—. ¿Qué es esto?

Al pie de la hoja había un símbolo, una especie de logotipo encerrado en un círculo; parecía una mano con dedos muy largos flexionados.

—Estos tanques no indican nada bueno —dijo Marietta—. Esto confirma lo que pensábamos: la contaminación del agua debió ser deliberada.

—Vámonos —propuso Jenny—. O espérame aquí, si quieres. Traeré a Laura para que nos diga lo que contenían los tanques.

Marietta optó por la segunda opción; continuó hurgando en el sitio mientras, a sus espaldas, aquel suave sonido shffft le advertía que Jenny había shifteado; se había marchado en busca de su amiga. Así era como había entrado a la cámara cerrada, sólo que Marietta había estado demasiado concentrada y no se fijó en el sonido. Al fin encontró lo que le molestaba: ¡aquellos tanques no habrían cabido por la puerta de acceso! Tenía que haber otra entrada. Pero los muros eran todos piedra, ladrillo y cemento. Aun valiéndose de su linterna, no encontró nada; no había marcas que pudiesen ser los bordes de alguna puerta oculta. Frustrada, empezó a revisar el suelo, también sin éxito. Entonces se le ocurrió mirar hacia arriba: allí estaba, una compuerta de madera, cuadrada, con cada lado de metro y medio. Se encaramó como pudo encima de uno de los tanques, en un equilibrio precario para que éste no se volcara; desde allí, alcanzaba la compuerta, aun cuando tenía que permanecer con una rodilla sobre el tanque. Entonces empujó, y para su sorpresa, no estaba asegurada; la pesada compuerta se abrió sobre su cabeza y hombros. Por fortuna el grosor del tanque hacía que soportara su peso sin problema. Allí arriba había luz; y era eléctrica, no luz exterior. Miró alrededor y se sobresaltó cuando su mirada se cruzó con la de un hombre con cabeza rasurada que la miraba perplejo, de pie a unos metros de distancia. Marietta se agachó de nuevo, dejando que la compuerta se cerrara de golpe, y su mano buscó instintivamente su pistola; mas el movimiento brusco hizo que perdiera el equilibrio; el tanque se volcó, y ella rodó por el suelo. La pistola escapó de su mano.

Se enderezó mientras veía cómo la compuerta se abría; buscó ansiosa su arma, pero no la veía por ninguna parte. No podía haberse deslizado tan lejos, ¿o sí?

Mientras se incorporaba, la localizó a un lado del tanque caído, a un par de metros. Vio movimiento en la compuerta, pero se enfocó en la pistola; necesitaba recuperarla. Saltó, echándose al suelo, con el brazo extendido, y sus dedos sujetaron el cañón mientras los pies del hombre caían en el suelo a menos de un metro de ella; maniobró la pistola para sujetarla debidamente al tiempo que rodaba sobre sus espaldas lista para encañonar al desconocido, pero éste propinó una patada que impactó dolorosamente en su mano, haciendo saltar el arma una vez más.

La mano del hombre sujetó algo en su cintura; seguramente traía su propia arma. Ir por la suya no era opción. Lady Satán giró otra vez boca abajo, apoyando su palma en el suelo, y pateó con fuerza a su agresor en el tobillo. El hombre cayó de bruces junto a ella, y su revólver se disparó al aire, en dirección opuesta, al caer con la mano que recién extraía la pistola entre su abdomen y el suelo. Ella apartó la mano del suelo, flexionó los dedos, no en puño sino manteniendo rectas las primeras falanges de cada dedo, y asestó un golpe con las articulaciones interfalángicas directo a la sien del agresor. Éste aulló de dolor, y giró para apartarse; alzó la mano con la pistola, pero ella no aguardó a ver si lo hacía como reflejo o con el fin de usarla; cerró esa misma mano sobre la mano que sujetaba el arma, torciéndola hacia él; si se movía rápido, podría colocarse sobre él.

La detonación la tomó por sorpresa. El grito del hombre cesó de golpe, y acabó de voltear su tórax boca arriba, respirando ruidosamente. Lady Satán no soltó su mano, pero sintió que dejaba de estar tensa; lo despojó de la pistola sin encontrar resistencia, y miró su rostro. Sus ojos muy abiertos no se enfocaban en nada; sus jadeos eran pausados, tomó aliento, y quedó inmóvil. Únicamente la sangre continuaba brotando de la herida de bala en su pecho.

Lady Satán se enderezó, sentada en el suelo, el revólver colgando holgadamente de su mano. Suspiró, y permaneció así mientras recuperaba el aliento.

No volteó cuando se produjo el familiar siseo; alzó la mirada despacio, y vio a Jenny, perpleja, con otra chica no menos sorprendida de pie a su lado, una pelirroja con gafas que vestía una bata de laboratorio y traía consigo una abultada maleta. Esa debía ser Laura Drake, la científica a quien Jenny se refería con frecuencia.

—¿Qué pasó aquí? —dijo Jenny— No te puedo dejar sola un minuto.

Lady Satán descartó ese comentario con un ademán de hastío.

_____

 

—Luego comparamos los códigos del papel que encontró Marietta con los de los documentos que revisé —decía Tamara Drew—, y encontramos que correspondían a los utilizados para clasificar los ductos de suministro de agua.

—¿Y cuál era el símbolo en esa hoja?

—Olvidé mencionar que el hombre que atacó a Mari tenía tatuado ese mismo símbolo en su muñeca. Mira —hurgó en su bolsillo, extrajo su celular y me mostró una fotografía: tal como lo había descrito, se trataba de una especie de mano alargada, estilizada, con dedos puntiagudos.

Una especie de garra.

—Laura Drake ya analizó una muestra de los contenidos de los tanques. Coinciden en dos puntos con los elementos tóxicos que contaminan el agua.

—¿Puestos deliberadamente? —dije, impactado.

—Nota que el documento no tiene el logo del SIAPA; únicamente ese símbolo. Es alguien más.

—No me vas a decir ahora que el director del SIAPA está libre de toda culpa —protesté.

—Claro que no. Pero hay varios intereses en juego. Mira —extrajo de su bolsillo un plano de la red de alcantarillado, en este caso era una fotocopia tomada de un libro. Había varios puntos señalados a mano—. Mira, los túneles que exploraron las chicas se encuentran aquí; sabemos de otros en este sitio. Pero hay dos sitios donde los conductos de aguas negras fueron desviados y conectados al suministro de agua.

—Pero… eso es en ductos principales, ¡antes de distribuirse por distintos sectores de la ciudad!

—Eso —Tamara me miró muy seria— tuvo que hacerse como parte de las restauraciones hechas a lo largo del año. Quienquiera que ocultó esos tanques, y que usa ese símbolo, coordinó sus acciones con estas modificaciones.

“Pienso que contaminar el agua con desechos de drenaje fue usado para encubrir la adición de compuestos aun más peligrosos, si esto fuera posible.

—Más letal que las aguas negras es difícil de imaginar.

—Considera el mercurio —el rostro de Tamara era rígido, sombrío—. No es necesario ingerirlo; el contacto prolongado con la piel es suficiente. Los efectos incluyen debilidad, falta de coordinación, ansiedad, problemas de memoria, fallas en la vista y el oído; a los niños les puede provocar enfermedades de la piel y reducir su proceso cognitivo. La cantidad no será grande, pero aunque no consuman el agua, siguen bañándose con ella, lavando la loza, su ropa de uso diario.

—¿Por qué iba a hacer eso el SIAPA?

—No creo que sean ellos; se trata de alguien más, con mayor alcance. De su parte no creo que haya otra cosa que indolencia y deseo de apropiarse de los recursos de la ciudad. Ellos mismos fueron manipulados, aprovechando su codicia, su desinterés hacia el pueblo.

Tamara calló, y yo me encontraba tan absorto asimilando lo que había dicho, que me tardé en percatarme de la forma en que me miraba. Era curioso; una chica de apenas dieciocho años, cabello corto, vestida con jeans y playera, que me miraba como si estuviera valorando hasta qué punto podía contarme la verdad. Y así era; a final de cuentas apenas nos habíamos conocido en persona, aun si existía un contacto previo con Marietta. Por fin, retomó la palabra:

—No sé si hayas escuchado acerca de los planes de control de sobrepoblación que tienen Allon Mushek y otros empresarios —dijo—. En los Expedientes Eppenstein apareció una carta donde el millonario Will Bates discutía con él cómo aprovechar una pandemia para forzar la implementación de las compras digitales en condiciones de aislamiento masivo, y ya estaba Bates almacenando suministros para un periodo de aislamiento inminente… en 2017.

—Sí, supe de eso.

Marietta se inclinó hacia adelante.

—Como dije, no creo que las razones para esto sean otra cosa que irresponsabilidad y desviación de recursos —repuso—. En cuanto a las razones directas por las que las personas a cargo hicieron esto. Pero esta es una de las ciudades con mayor índice de población en este país; la zona urbana casi alcanza los seis millones de habitantes. Y los planes de eugenesia de ciertos individuos no incluyen a los mexicanos como prioridad de supervivencia.

“Lo que pensamos es que hay una manipulación que se ha llevado a cabo detrás de bambalinas. Las chicas de Oktyabr Samizdat (3) me han hablado de alguien en particular que ha estado haciendo esto, a quien algunos se refieren simplemente como la Garra. Encontraron indicios de él en la Isla Eppenstein (3). Creo que la Garra, sea quien sea, o lo que sea, está detrás de estos planes de eugenesia.

—La Garra —repetí—. Sí, Jenny me había hablado de esto. Y el símbolo que me mostraste, es una garra.

—Dicho sea de paso —agregó—, no creo que sea casualidad que el escenario temporal que Ronald Drumpf hizo montar frente a la Casa Blanca fuera bautizado “la Garra”.

No supe qué responder; la coincidencia, en efecto, era inquietante.

—Pero entonces, lo del agua…

—¿Con qué frecuencia has enfermado en las últimas semanas? ¿Las personas que conoces?

Lo pensé un momento. Aunque algunos tomábamos precauciones, en efecto había una abundancia de malestares digestivos sin motivo claro en las dos semanas anteriores. La inercia hacía que nuestra cautela fuese perezosa. Cuando era niño, existía una precaución generalizada debido a que el agua no era limpia, pero no llegaba a tal grado; aun cuando se sabía que no era potable, los bebederos públicos y escolares no provocaban daño alguno. ¿Cuántas personas no estarían haciendo caso omiso? ¿Y si el no ingerirla o lavar con agua embotellada no bastaba?

—Falta una hora para el partido —dijo Tamara, mirando su celular—. Postea algo a esas horas por favor.

—¿Por qué? —ella sabía de mi absoluta falta de interés en el juego.

—El comentario que puse en el post del Facebook de Ari fue notado —repuso—. Mira con discreción; ese sujeto que está apoyado en el muro a tu izquierda. Nos siguió por el parque. Te aseguro que es Mossad.

—Qué… —eso me sobresaltó—. Qué tiene que ver el Mossad con el futbol?

Tamara se encogió de hombros.

—Bueno, también podrían ser CIA; pero le voy al Mossad. Y no creo que sea culpa mía. Desde que publicaste la versión doblada del video clip de Oktyabr Samizdat en tu canal de YouTube, donde muestran la máscara de Neshayahu que encontraron en aquel estudio de grabación oculto bajo la Colina del Templo en Jerusalén. Ellas grabaron parte de su video en ese mismo túnel (4). No es como si fueran discretas.

—Por eso le pedí a un amigo que le pusiera esos filtros, para que el video pareciera IA —protesté.

—Pero ellas lo habían posteado en su canal en la versión original, aunque se lo hayan bloqueado una y otra vez. Como sea, claro que te van a estar observando; pero ahora más que nunca, ya que el mensaje a Ari Heller de parte de Lady Satán llegó desde tu cuenta (5). Por fortuna, la rastrearon a ella, y confirmaron que estaba aquí, que el mensaje era de su parte.

—¿Por fortuna? Y otra vez, ¿qué pinta el Mossad en esto? ¿Ari Geller tiene lazos con ellos?

—¡Sí! Heller no sólo vive en Jerusalén, ha hecho visitas a las tropas que atacan Irán para darles motivación; seguramente también les da apoyo psíquico.

Me eché hacia atrás en el asiento, preocupado. No me gustaba que Tamara me hubiera arrastrado a algo semejante.

—Recuerda que la oposición contra Ari es nuestra coartada —prosiguió Tamara, sin fijarse; se inclinó hacia mí y bajó más la voz—. Ari cree que Mari está aquí en México, y que estará realizando una operación mágica para bloquear su apoyo al equipo de Inglaterra. Pero no saben de Jenny; ignoran que pueden llegar a la Isla de Lamb sin necesidad de pasar por el aeropuerto. Por lo que ahora mismo voy a regresar a la casa que alquilamos, y sí, en caso de que la percepción psíquica de Ari detecte el trabajo en su contra, detectará la influencia de Mari, pues usaré su athame (6); pero el trabajo de oposición lo haré yo sola —se rio con buen humor—. Imagínate; ¡el psíquico más famoso del mundo en “guerra mágica” con una brujita de dieciocho años que nunca ha hecho algo parecido antes!

“Ya en serio —añadió sin dejar de sonreír—, por lo que sé, Ari es bueno en esto; ¡ya con que México logre uno o dos goles contra Inglaterra, aunque no gane, me voy a sentir que soy Selena Fox o Starhawk! (7) Aunque más bien será señal de que pensar en la oposición de Lady Satán puso nervioso a Ari; y si se siente inseguro, es justo lo que puede hacer que fracase. De todas maneras, estoy agotada; lo haré, sólo para que Ari detecte el trabajo, pero creo que me dormiré antes que acabe el partido.

En el momento en que escribo estas líneas, el lector ya conoce los resultados; Ari Heller, el gran psíquico, puede presumir de no haber sido derrotado… no por Lady Satán, sino por una neófita que terminó por hacer una operación mágica sin ánimos y con sueño. Me encontraba en contacto con Tammy —hice un par de posts sobre la cuestión, para insistir en que Lady Satán estaba en ello—, y sé que el único gol a favor de México fue justo a la hora que ella concluía su conjuro. Toma eso, Heller.

Pero hasta el otro día habríamos de saber lo que había ocurrido durante la incursión de Marietta y Jenny Everywhere en la isla de Heller; habían encontrado muchas cosas inquietantes.

 

Concluirá en la próxima entrega


 

Créditos

“Aguas turbias en Guadalajara — La amenaza de la calavera de cristal II” Copyright © 2026 Luis G. Abbadie. Debe ser reproducida siempre acreditando al autor.

Tamara Drew es creación original de Luis G. Abbadie, y apareció por primera vez en Nancy y el misterio del grimorio. Siete pasos hacia el Abismo (Tubal Albainn, 2026).

Lady Satán, publicada originalmente en Dynamic Comics 2 (1941) y 3 (1942) y en Red Seal Comics 17 (1946) y subsecuentes, su versión más conocida fue creada por George Tuska; es del dominio público debido a singularidades legales.

El personaje Jenny Everywhere está disponible para su uso por cualquier persona, con una sola condición: este párrafo debe incluirse en cualquier publicación que involucre a Jenny Everywhere, para que otros puedan utilizar esta propiedad como deseen. Todos los derechos revertidos.

El personaje Laura Drake fue creada por Jeanne Morningstar y puede ser utilizada por cualquier persona sin atribución alguna. Todos los derechos revertidos.

Ari Heller fue creado por Gonzalo Martré y Víctor Cruz en “La sobrenatural estatua de oro”, historia publicada en Fantomas la Amenaza Elegante 2—265 (1976); es retomado aquí a manera de homenaje a las obras de sus creadores.

La Garra fue creado por Lev Gleason en Silver Streak Comics 1 (1939), y es ahora del dominio público.

Los Héroes Convocables es una serie de relatos que retoman a personajes clásicos de dominio público, huérfanos o con derechos liberados, para traerlos a enfrentar los desafíos del mundo actual.

Esta es una obra de ficción, en ella cualquier semejanza con personajes y situaciones reales se sujeta a las normas de la parodia, y no pretende en ningún momento constituir una representación fidedigna de la realidad.

  

 Notas

 1) Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado.

2) El grupo de rock ruso rebelde, formado íntegramente por mujeres y liderado por Octobriana, que se opone al régimen.

3) Ver “Las muchas vidas de Octobriana. Tercera Guerra Mundial”

4)Títeres del odio”.

5) En realidad, fue publicado por Tamara; esto sucedió en la entrega anterior, "La amenaza de la calavera de cristal".

6) Una daga de bruja consagrada.

7) Brujas contemporáneas prominentes, conocidas por defender causas sociales, sobre todo Starhawk, promotora del activismo social y mágico.

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